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Bélgica ( y 11)

Y después de las uvas y el champán y de bailar y cantar salimos a la noche de la peligrosa ciudad. Una ciudad amenazada por la religión es decir por el atraso, el oscurantismo, la mentira y la imbecilidad. Nosotros, ateos, epicúreos, hombres y mujeres de la ciencia y hombres y mujeres que exclusivamente se arrodillan ante la libertad y ante sus propias papilas gustativas, salimos.

Ha caído una llovizna fina y en las calles lustrosas de la civilizada Bruselas encontramos por suerte a cada paso todo lo que odia Alá. Mujeres descubiertas e iguales, mujeres que se besan, hombres que bailan y ríen y se besan embriagados de alcohol y civilización y todos en eléctrica sintonía entonamos un multitudinario himno a la vida.

En la Grand Place, nos hacemos fotografías junto al árbol iluminado y abrazados nos regocijamos porque los bárbaros los salvajes religiosos nos querían tristes y nos querían atemorizados y no vamos a darles ese gusto. No. Pueden matarnos, es verdad. Pero hemos elegido vivir y morir orgullosamente a la luz de la razón.

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© Juan Abreu, 2006-2019