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Bélgica (10)
A mí francamente me parece un campo igual que otro cualquiera. Pero es Waterloo. El caminito a veces se hace barrizal y a los lejos el monumento y el temor de que nos sorprenda la lluvia en este descampado y el cielo muy gris y los surcos. ¿Existe el mal? No. Sólo literatura y vanidad y estupidez. Y soberbia naturalmente la soberbia de pensar que los paisajes pueden cargarse de sentimiento porque hayan sido escenario de alguna de nuestras salvajadas.
Me maravilla eso sí como siempre el poder de las palabras, la carga con que se ha ido preñando desde la matanza (miles de hombres murieron en este lugar, como se sabe, destripados muchos) la palabra Waterloo. Lo mismo me pasó en Belén, nunca tuve la impresión de visitar un lugar Belén sino la de visitar la palabra Belén. No me siento especialmente conmovido he de decirlo pero sí muy desamparado porque tengo el convencimiento de que aquí, a nivel real, de todos aquellos infelices no queda nada. Sólo la palabra Waterloo.













