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Durante la cena, llega la noticia. Están matando en París. ¿Quiénes están matando? Religiosos musulmanes. Ya es casi una costumbre cuando se produce una matanza de este tipo. Religiosos musulmanes. El día ha sido claro y soleado en Madrid. He visto a Much. Pasan las horas. Va creciendo el número de víctimas, ¡Alá es el más grande!, gritaban los religiosos al matar. ¿Cuánto tardará la primera declaración canallesca, cuánto el primer editorial masoquista ? Me pregunto. No mucho. Estamos en España, donde los religiosos musulmanes reventaron varios trenes con la consecuente mortandad y los ciudadanos del país salieron a las calles a protestar contra su presidente, no contra los asesinos. Estamos en el país que ha adoptado una política exterior cobarde y apaciguadora a partir del día en que los musulmanes religiosos reventaron los trenes.

Menos mal que Francia sabe que se trata de una guerra. Una guerra entre la civilización occidental (la única que existe) y la barbarie religiosa musulmana. Es cierto que todos los musulmanes no son terroristas. Claro está. Pero ya hablaremos de eso en otro momento.

Ahora en lo que pienso es en las víctimas, y en que están demorando demasiado los musulmanes que viven en Europa, millones de musulmanes que viven en Francia para empezar, en salir a las calles a denunciar a los terroristas musulmanes que han atacado París en nombre de Alá.

A ver. ¿Ya han salido? No los veo. A ver. Nada.

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© Juan Abreu, 2006-2019