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Me levanto temprano y no me abandona lo de las jerigonzas aragonesas. Hoy, una señora Pérez ha dicho que lo del lenguaje propio de la tribu aragonesa será optativo. Pero. Ya sabemos que eso en boca de un nacionalista quiere decir que te van a meter la jerigonza optativa garganta abajo a ti y a tus hijos y que si no hablas la jerigonza propia serás un traidor. La jerigonza propia es para los nacionalistas la meada que marca el territorio.

Por otro lado, reconozco, el asunto de las jerigonzas en la zona afectada es muy complejo. Podría, temo, llevar a la larga a enfrentamientos violentos entre las diferentes manadas. Consideren que en aquellos campos y villorrios dejados de la mano española además del fabla o aragonés, o lo que sea, se habla el ansotano, el cheso (que, dicen, para entenderlo hay que llevar siempre un trozo de queso en el bolsillo), el panticuto, el belsetán, el chistabín, el patués y el ribagorzano. Por lo que sabemos. No hay que descartar que en alguna aldea remota quede alguien que hable el cuchufleto.

Yo así por encima y rápido y la verdad no sé por qué, de tener (bajo amenaza de muerte, se entiende) que aprender alguna jerigonza aragonesa creo que aprendería el panticulo… digo, panticuto.

Mientras desayuno, me da por pensar en estas cosas.

Será la mermelada de calabaza.

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