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Para Tania

La gran felicidad que buscamos no existe como se sabe, sólo las pequeñas (Sábato). Una de esas pequeñas felicidades era el boniatillo cuando yo era niño antes de que desapareciera el boniato como la mayoría de las cosas comestibles, al triunfar la fabulosa Revolución. Con el malo Batista había comida y mi padre podía hacernos boniatillo. Después, ya liberados, no. Y pasábamos mucha hambre toda mi vida pasé mucha hambre tras la fabulosa liberación, y en verdad dejé de pasar hambre sólo a los veintiocho años cuando llegué a Miami. Mi padre no cocinaba, pero, algún domingo anunciaba solemne: voy a hacer boniatillo. Y lo hacía. Y esos días en que mi padre hacía boniatillo yo era feliz completamente feliz de una de esas pequeñas felicidades que son las únicas que existen.

Por eso cuando crecí al oír al Líder pronunciar sus discursos en los que hablaba del futuro y enumeraba los agravios de los que su fabulosa Revolución nos había salvado, yo siempre le decía, eso sí en voz baja: saca tu sucia boca de mi infancia.

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