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Amaneció con solecito y frío muy agradable y el gato tumbado a mis pies. Hablo mucho con el gato sobre todo cuando estoy pintando y es un gato muy inteligente. Mucho más inteligente que muchos intelectuales que conozco, ay.

Y mientras desayunada comencé a escribir en mi cabeza un texto que demostraría que es imposible escribir la verdad sobre todo a causa de las palabras que no sirven para escribir la verdad: la primera línea de defensa de la farsa y la mentira que somos es el idioma. Bebía el té y escribía en mi cerebro pero en algún momento comprendí que resultaba inútil y lo dejé.

Y desayunando, gracias al amigo Ignacio Vidal-Folch y su gato, me entero de que el Bonnard de la mujer gris está en Barcelona, en la Mapfre, así que cuando acabe de pintar más tarde iré corriendo a verlo como se dice. Los pintores más grandes en algún momento aún los más queridos a veces se me vacían un poco, pero no Bonnard.

Y sentado ya escribiendo esto me he preguntado otra vez ¿para qué escribes toda esta mierda?

Pero no sé cómo parar.

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© Juan Abreu, 2006-2019