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Después de pintar a Ambrosio Peñalver Laguna con su sombrero y todo y sonriente desde la muerte sonriente me siento a mirar cómo ha ido evolucionando creo el trabajo y estoy bastante satisfecho. Va semejando un oleaje. Quiero decir que un grupo de retratos va saliendo fresco juguetón y leve, me refiero a la factura naturalmente otros logros son difíciles de evaluar, y de pronto todo cambia como si arribase una ola nueva y engorda la capa de pintura y adquieren los rostros cierto aire ceremonioso y sereno.
Hoy pensaba escribir sobre la demencia del día de hoy pero uno sólo debe dejarse arrastrar hasta cierto punto por la estupidez del mundo.













