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Algún retrato lo he pintado dos veces. Porque no estaba contento con lo conseguido (y sufría al pasar junto al cuadro en cuestión y me invadía una molesta sensación de inestabilidad que es lo que suele pasarme en estos casos). O porque la foto que tenía en el momento de hacerlo era muy mala y después he conseguido otra mejor.
No me importa pintar dos veces (o tres) un cuadro. A menudo pinto encima de un cuadro que no me gusta hasta que consigo lo que quiero. O no: y entonces todo está perdido y hay que poner en el caballete una tela limpia y empezar de la blancura y de la nada otra vez.













