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Me escriben familiares de fusilados en Cuba, personas que eran niños en el momento de los crímenes y que tuvieron que crecer sin padre y con el estigma de ser el enemigo en un país completamente fanatizado y envilecido por el castrismo.
Y digo crímenes porque a los militares del ejército de la República al principio, en 1959, y a todos los rebeldes anti comunistas después, se les condenó a muerte en juicios sin garantías legales juicios que eran circos en los que ya todo estaba decidido y más que juicios eran espectáculos para el disfrute de la chusma.













