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Cuando abro los ojos veo el cielo azulísimo y la copa del olivo y la luz tan hermosa pero la belleza del mundo no alcanza como se sabe así que pienso: arriba, hay que trabajar. Sé que “todo es movimiento irregular y continuo, sin dirección y sin objeto” me lo enseñó el gran Montaigne. Pero he de hacer mi trabajo de no hacerlo el vacío acabaría conmigo de dos mordiscos en cuatro segundos.













