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Releo a Klemperer, como he dicho, y encuentro esto: “ Si alguna vez se diera la vuelta a la tortilla y el destino de los vencidos estuviera en mis manos, yo dejaría en libertad a toda la gente común y corriente e incluso a algunos de los jefes, que tal vez tenían buena intención y no sabían lo que hacían. Pero a los intelectuales los colgaría a todos, y a los profesores universitarios un metro más alto que a los demás; y tendrían que seguir colgados de las farolas todo el tiempo que permitiera la higiene”.

Habría que hacer lo mismo con los intelectuales y artistas cubanos porque ellos son los que han facilitado la coartada moral (y hasta los estribillos) a los asesinos.

Sin esa coartada el crimen sería mucho más difícil o no sería posible.

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