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Me levanto muy temprano que tengo mucho trabajo y en la primera taza de té me encuentro a Houellebecq en el diario y lo primero que pienso es: qué feo es Houellebecq. Yo creo que por eso es que va de enfant terrible. Con esa cara hay que ir de algo si no: ¿quién te folla? Dice Néspolo, entrevistador, que lo acompaña (a Houellebecq) “una joven de buen ver”. Las mujeres siempre tan generosas follarse a Houellebecq debe ser una empresa espeluznante. Pero. Que sea rico y famoso Houellebecq ayuda, imagino. En fin, el feo careto de Houellebecq mientras desayuno.
Y un poco más adelante vaya amanecer la niña diosa, Kumari. En Nepal. Un castigo celestial, dice del terremoto la niña diosa. Toda esa gente aplastada y un castigo celestial, dice. “Por ensuciar nuestra alma”, dice. Sólo tendría que asomarse a la puerta del templo esta niña diosa para saber que si Dios existe y provocó o permitió semejante catástrofe es un cabrón hijo de puta del que cualquier persona decente huiría despavorida, pero, un castigo celestial, dice. “Dios está muy enfadado”, clama un religioso. “Este país está repleto de pecadores”, suelta un lama.
Avanza muy lentamente el mono qué les puedo decir.













