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Me aparto un momento de LOS BUENOS TIEMPOS y comienzo a pintar a Dios. A Thomas Bernhard quiero decir. Bernhard a la edad de siete años, sentado en una especie de muelle de madera y con un ramo de flores silvestres. Mientras lo pinto, en una tela grande presillada contra la pared del fondo del estudio, veo aparecer muchos cuadros por el horizonte de mi cerebro: yo con mi madre mi padre y mi hermano mayor en el zoológico y también están las bessones tomadas de la mano creo que al fin podré pintarlas y yo en el patio vestido de vaquero naturalmente.

Empiezo a pintar a Bernhard ya de noche y lo de que me aparto de LOS BUENOS TIEMPOS es muy relativo porque justo antes de ponerme con Bernhard pinto de un tirón en una tela pequeña el pito de mi amigo Víctor un pito muy bonito por cierto.

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© Juan Abreu, 2006-2019