16 enero 2008
Termino el libro de Irène Némirovsky. Gran emoción. Apago la lámpara, me tiendo boca arriba, contemplo el techo negro. La imagino a las puertas de la cámara de gas, pensando en su marido, en sus hijas, en su manuscrito. Débil, enferma, arreada como un animal por los perros del mal. La imagino serena al final de pie triunfante sobre su maravilloso libro.
Todo gran escritor está dispuesto a sufrir y a morir por sus palabras.
Los demás son redactores, traficantes, putas, mercaderes, vendidos, hueleculos, arrastrapanzas, palafreneros.
Una entrevista con Carlos Victoria.
Ray Fernández, entrevista, canciones

15 enero 2008
Ser vil vicent, gran mariscal de la transición cubana de castro a castro a página entera en el país global
La cosa va de un documental sobre los Industriales, un equipo de pelota.
Nada nuevo en el documental, los que se fueron siguen siendo traidores y a los sumisos que se quedaron a cuatro patas ante la Patria y la Revolución: el aire heroico y la pátina de dignidad correspondiente.
Como si hubiera dignidad alguna en ser un esclavo.
Y el infaltable hedor del se fue y gana cinco millones de dólares al año pero miren cuánto le gustaría regresar al corral y revolcarse en la mierda con nosotros. Y ni una palabra sobre las humillaciones, el acoso, el aplastamiento que sufrió el que logró escapar.
La apoteosis del aquí no ha pasado nada que no pueda arreglarse con otro castro.
Vi el documental gracias a penúltimosdías y en cierto momento aparece el escritor Leonardo Padura: “Uno pude cambiar de partido político pero no de afición por un equipo de pelota.”
Allí, Padura, en la isla pavorosa donde no hay partidos políticos, sentado frescamente sobre sus prebendas, sus euros y sus permisos de entrada y salida dice eso.
Es difícil ser más descarado.
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Vuelvo sobre el artículo de Reina María Rodríguez, sigue impenetrable la jerigonza.
Picoteo por la página porque tampoco tengo tiempo para perder en esos lloriqueos.
Al final, en la nota biográfica, se proclama que ha recibido dos veces el Premio Casa de las Américas.
Es algo de lo que avergonzarse pero ahí está, como una medalla.
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14 enero 2008
El sábado en Babelia artículo de Reina María Rodríguez.
Ininteligible.
Supongo que quiso decir vivimos en una dictadura, los intelectuales nos comportamos como vendidos y cobardes, necesitamos libertad, necesitamos democracia y derecho de reunión y de opinión y de huelga y de expresión y prensa libre. Y lo demás.
Pero no lo dijo. Nos endilga la misma jerigonza a la que nos tienen acostumbrados los intelectuales cubanos.
Sin ella no podrían salir, ni publicar, ni recibir premios.
La jerigonza es el precio. Lo pagan.
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Estimado Juan, quería contarte que ayer me llamó mi amigo por teléfono. Mi amigo vive lejos, seguimos cerca gracias al teléfono y al correo electrónico. Apenas si hemos estado juntos un par de veces, pero aún así somos amigos y nos queremos.
Cuando nos conocimos, envueltos por nuestro deseo y por la magia que se había creado a nuestro alrededor, compartimos besos, caricias, placer, entrega, pasión, calor, noches, además de risas, comidas y conversaciones.
Juan, vivo con el hombre que es padre de mis hijos. A la vuelta de aquel viaje le hablé de mi amigo, de nuestras noches juntos. Supongo que mi hombre se sintió un poco celoso, pero sólo un poco, porque sabe de mi respeto y cariño. Por encima de los celos, él se sintió excitado cuando le conté detalles de los momentos de pasión y placer que viví.
Anoche me llamó mi amigo. Habíamos cenado, estábamos disfrutando de las dos últimas copas de “Marina Alta”. Acabé la copa, me levanté, subí las escaleras, me recosté en el sofá, la sala estaba en penumbras, por el balcón entraban las luces de la ciudad. Por teléfono, con mi amigo, recordábamos aquellos días plenos y nos imaginábamos lo que podría suceder en nuestro próximo encuentro. Mientras hablaba, mi hombre subió y se sentó junto a mis pies, acercó su mano y la puso entre mis piernas. Le conté a mi amigo lo que estaba sucediendo y él empezó a hacerme sugerencias de lo que podía hacer mi hombre: “dile que te quite los pantalones y después las bragas”; se lo dije y empezó a hacerlo. “me está quitando los pantalones. Espera, me muevo para que pueda alcanzar mis bragas, las está bajando, ya están a la altura de las rodillas… en este momento ya no tengo bragas. Me acaricia, sus dedos abren lentamente mis pliegues, ahora es su lengua, lo recorre de arriba abajo, se para en el pequeño e intenso botón”. Con dificultad, entre jadeos y espasmos, le contaba a mi amigo. Él siguió haciendo sugerencias: “dile que, ahora, te chupe…” con cierta vergüenza se lo dije y enseguida sentí la tibieza de la lengua de mi hombre girando ágil alrededor de mi duro músculo circular. Estaba cerrado con fuerza, pero al sentir la lengua se aflojó, y se convirtió en otra a vía de entrada a mi cuerpo.
“Lo está haciendo” pude decir al teléfono, entre gemidos, casi gritos.
A partir de ese momento mis recuerdos se vuelven borrosos, creo que cuando ya estaba totalmente relajada, mi hombre dejó mi culo y volvió a recorrer, lengua arriba, lengua abajo, todo mi coño. Yo intentaba contarle a mi amigo lo que estaba pasando pero apenas podía hablar. Él me hablaba, oía su voz suave y calmada, sus palabras y sus jadeos me acariciaban el alma, avivaban el fuego en mi mente. Él oía mis gemidos, el rozar de mi pelo con el auricular del teléfono. Yo me agitaba, a duras penas podía sostener el teléfono en mi mano, hasta que en un movimiento me apoyé sobre las teclas y se cortó la comunicación. Fue como si se cortase el placer.
“Espera” digo y vuelvo a llamar. Él descuelga. “Perdón” le digo “perdí el control y el teléfono se colgó sin querer”. Enseguida se enciende de nuevo el placer, a través de las palabras de uno y las caricias de otro, y se va irradiando desde mi centro por todo el cuerpo, hasta los dedos de los pies y los poros de mi cabello. Estaba abandonada a los dos hombres que disfrutaban en mí, con los que gozaba, ellos convergían en mí a través del teléfono. Sus caricias, sus palabras, sus jadeos siguen; mi cuerpo se agita cada vez más fuerte, me muevo, me hablan, me tocan, mi cuerpo convulsiona, cada vez más rápido y más fuerte. Me derramo. El teléfono, en la mano, junto a mi cara es lo único que tengo que seguir controlando, pero también en ese momento pierdo el control, mi cara cae sobre el teléfono y de nuevo se corta la llamada. Ahora, relajada, inmediatamente vuelvo a llamar, no decimos nada, todos derramados sólo nos reímos, chorros de carcajadas a uno y otro lado del teléfono.
Cuando recuperé la tranquilidad y la llamada había terminado, pensaba que lo que había sucedido era insólito. Había sido agasajada por dos hombres singulares que habían puesto lo mejor de ellos para darme placer, separados por muchos kilómetros y sin conocerse, a través de un aparato como el teléfono, que puede parecer muy frío pero que en esta ocasión nos había permitido compartir vida, alegría y placer.
Saludos,
Belleza.

13 enero 2008
Domingo.

12 enero 2008
Dura poco el descanso. Vuelvo una y otra vez al mamotreto. De mis obsesiones, la más querida: internarme en esa masa siempre inconclusa. Revoloteos compulsivos: entro, salgo, pincho y mordisqueo pero sobre todo encuentro imágenes como cerraduras diminutas y al abrirlas: bolsones de vida.
La vida no es más que ficción por otros medios.
Una noche de carnaval es una polla carmelita, por ejemplo. Una mujer que desafiante sale a la calle una diosa griega, por ejemplo.
Entre las lecturas, algunos capítulos de Peter Pan:
“Keep back, lady, no one is going to catch me and make me a man.”
Qué maravilla.
En el jardín sol verde y juegos de Niñas.
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Nuevos autorretratos de la bellísima María. Pasen y vean

11 enero 2008
SONETO
Qué trampa tan bien hecha nos han hecho,
que somos el ratón y la carnada;
la pared y la punta de la espada
el embudo y su cono más estrecho.
Qué modo de torcernos tan derecho:
a un mismo tiempo crimen y coartada
(Se escucha por la atmósfera enlutada
un ronronear de gato satisfecho.
Y un grito que penetra por el pecho
y un dolor de pared ensangrentada;
y un veneno que a gota destilada
baja a la ancha miel, de otros provecho).
Qué trampa tan bien hecha y adornada
con nuestro propio estilo contrahecho.
René Ariza.
(Prisión de El Morro, 1976).

10 enero 2008
Merecido reposo. Lecturas. El poder del arte de Schama, revaloración de Turner al que no apreciaba lo suficiente, el buen Van Gogh que devora colores y un sorbo de aguarrás y, por supuesto, el arte sólo puede tratar del artista.
Caravaggio y Rembrandt a otras alturas.
El asqueroso David.
La boca de la Dafne de Bernini. El gran arte es siempre lujuria.
Niebla, un ave de madera en el limonero, la mañana una esponja.
El absurdo sentimiento de culpa que acompaña siempre cualquier descanso. Ayer noche, tensión motivada por el vacío que deja el libro acabado. Dibujo para relajarme. Mi polla queda especialmente bien. Su hermosura llena casi media libreta de apuntes.
Ya de madrugada, me interno en la Suite francesa de Irène Némirovsky. Bello libro. Irène salió huyendo de los bolcheviques y cayó en manos de los nazis y los franceses.
Lo mismo.
Pero qué magnífica venganza su libro. Antes de que la mataran, por judía, dejó al viento las vergüenzas de la crápula humana y particularmente las vergüenzas de la crápula francesa.
Santo cielo, qué pueblo, aferrado a sus porcelanas y rindiéndose rastreramente a los alemanes.
Y enseguida, más nazis que los nazis, a perseguir a las hijas de la Némirovsky para mandarlas también a Auschwitz.
Por suerte no lo consiguieron.
Las niñas, que cargaban con el manuscrito de la novela de su madre.
Casi a las tres, me duermo, mi fe en el poder de la palabra, fortalecida.

9 enero 2008
Termino de reescribir por segunda vez el mamotreto. Gran contento. Erección. Babilla. Celebraremos con un gran francés: Chateau Duhart-Milon, Domaines Barons de Rothschild (Lafite) 2004.
Vendrán los bosques.
En esas trescientas ocho páginas está mi vida. Trozos, que es lo que se puede.
Lo único importante es el trabajo me dijo hace mil años Lydia Cabrera en su miamense refugio y cuánta razón.
Me da vueltas en el vientre un caracoleo. Necesito unos buenos lametazos. La mejor compañía para un buen vino.
El día recostado, temblón, salivoso. Y la sensación de ser seda, humo y olor en los dedos después de un clítoris. Y la tibieza de aquella bañera colectiva en Kanazawa: el padre, dos niñas sin pelos y yo bajo el cielo estrellado.
Y el oro de sus pieles. Y el semen del sol.
Como ven, hay cosas vivas y afiladas y tortuosas en el poso que deja la reescritura.

8 enero 2008
Hoy creo que hay que hacerse una paja a las ocho de la noche para contribuir a la caída de Castro. O rascarse la nariz. O meterle el dedo en el orificio anal a la persona más próxima. O sacarse un moco y pegarlo en la pared. O ir con los zapatos sucios a la guardia del CDR. O cagar tres veces. O comerse una hoja de albahaca. O decirle a un perro qué bonito estás hoy. O comerse un trozo de cebolla. O leer algún bodrio de Ser vil vicent. O mirar una foto de Benedicto Cara de Rata. O aplaudir al Inmortal pero pensando ojalá te mueras. O mear fuera de la taza.
Hacerse la paja parece la opción más sensata.
En fin, no he prestado mucha atención al asunto. Son cosas de cubanos, gente dispuesta a cualquier payasada con tal de no conspirar para volarle la cabeza a los Hermanos Pavorosos o comprar un misil superpotente que por fin solucione los problemas de la isla.
Qué gente.

7 enero 2008
Abreus ya dispersos por el manicomio mundial es hora de regresar a las ¿memorias? También volveré al gimnasio y al pescado a la plancha. Le compré a abreu niño un muñeco de Leónidas, mi gran héroe intelectual. Lo adiestré brevemente no había tiempo para más en el manejo de la lanza y la espada, el escudo alto, por si se tropieza con algún Sartre de aquí a unos años.
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Sartre y su Castor volaban a Moscú por motivos ideológicos, es decir a que se los follara Lena Zonina, la espía del KGB que se ocupaba de ellos. La izquierda francesa en acción.
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Los perros devoran cadáveres en las calles de Kenia. Tribus que se enfrentan.
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El futuro español es keniano. La tribu vasca afila los machetes con el dinero de los contribuyentes españoles. Qué detalle.
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Me dicen que ya Bono no musicaliza previamente a los negritos, ahora los ingresa directamente en su cuenta bancaria.














