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Lunes, 9 de abril de 2018

A parecer está sucediendo lo que más temíamos. Las cagaleras presidenciales no amainan. Mis muy fidedignas fuentes en la Moncloa me confirman que enormes grúas descargan tuberías de más de diez metros de diámetro y un ejército de obreros y maquinarias varias ya trabajan en el edificio día y noche. Como advertí aquí hace poco, las cagaleras del señor presidente Rajoy, por lo del golpe en Cataluña, han adquirido dimensiones de catástrofe nacional. Todo parecía controlable hasta ayer, pero la decisión de la jueza alemana de liberar al golpista Puigdemont ha agravado el aluvión diarreico del presidente. Cunde la alarma en las más altas esferas. El río de excrementos ya ha llegado al Manzanares. Se ha visto a especies anfibias huir en desbandada en busca de terrenos altos. El Prado, la Thyssen y el Reina Sofía están siendo evacuados. Y el Palacio Real. Si el torrente de diarrea presidencial alcanza Atocha, la capital del país quedará parcialmente incomunicada.

Pero. No todas las noticias son malas, el señor Rajoy está convencido de que ha encontrado la solución para poner fin a la llamada crisis catalana: declarar España Comunidad Autónoma de Cataluña. Ya sus emisarios han viajado a Berlín y se lo han planteado a Puigdemont, pero este exige además ser nombrado Emperador. Rajoy ha contestado que: “Un vaso es un vaso y un plato es un plato”.

Son momentos decisivos para España. Seguiremos informando.

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© Juan Abreu, 2006-2011