Estampas

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Viernes, 9 de febrero de 2018

Kafka quiere la perfección, tanto en lo más grande como en lo más pequeño, y eso hace (junto a la hipocondría las depresiones y la impotencia sexual) su vida más angustiosa. Y convierte a Kafka en un personaje imposible para sus amigos, su familia y sus empleadores (que lo salvan de la matanza al declarar su trabajo imprescindible para la empresa). Esta búsqueda de la perfección afecta incluso su dieta y los más pueriles aspectos de su vida. Como si fuera poco, de pronto, a Kafka le da por convertirse en soldado e ir a la guerra. Nadie entiende el por qué de esta aspiración evidentemente suicida. Las posibilidades de regresar con vida son pocas, sobre todo para un tipo como Kafka. Creo que en el complicado cerebro de Kafka lo de ser soldado e ir a la guerra está relacionado también con sus ansias de perfección. Stach hace lo que puede por explicarlo, pero yo no alcanzo a entenderlo bien. Todo me parece una malcriadez de Kafka y por qué no decirlo una estupidez de Kafka. Si lo único importante para él es su obra ¿por qué quiere participar en una actividad violenta en la que lo más probable es que lo maten?

Kafka es Kafka y yo, empedernido lector, le agradezco mucho su obra. Pero. En lo referente a la perfección tiendo a estar de acuerdo con el gran Léautaud: Ah, la perfección, menos mal que no me interesa.

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Jueves, 8 de febrero de 2018

Solito. Me levanto todavía de noche y acompaño a Marta al tren. Un grado bajo cero. Las colinas antes de entrar al túnel gélidas y blandas. Conciencia del horror de la Naturaleza. Mientras conduzco hablamos de Macron y de la falta que hace en España un Macron, dicen que Rivera quiere serlo, sí, ojalá, pero, digo, creo que Cayetana Álvarez de Toledo es el mejor Macron (pero en más inteligente) que pudiera tener España. Ojalá Rivera pueda y quiera parar a los enemigos de España, pero no sé. No lo veo diciendo la única lengua oficial de España es el español no lo veo enfrentándose al monstruo de las mil lengüitas, aunque me conformaría con que eliminara el cupo vasco. Dejo a Marta en la estación y me quedo mirándola hasta que desaparece. Dicen yo mismo a veces que el amor no existe, pero no es verdad son chorradas de escritor. Llego a casa. Me quito la ropa. Vuelvo a la cama. Solito. Y las colinas gélidas y blandas.

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Miércoles, 7 de febrero de 2018

Kafka se encuentra con Felice en Bodenbach, una pequeña ciudad industrial a orillas del Elba. Pasan dos horas en la habitación de un hotel y Felice tumbada, espera que Kafka haga algo ¡le haga algo!, pero Kafka nada. Bueno, nada sexual. Kafka le lee un fragmento de El proceso. Pobre mujer. A Kafka le aterroriza el sexo y lo físico, excepto la relación enfermiza que tiene con su propio cuerpo, que somete a rigores un tanto masoquistas. Y no hay que olvidar que a la primera oportunidad convierte su cuerpo en el de un insecto.

A mí me va causando desasosiego lo de Kafka con Felice. Kafka usa a Felice como tema para paliar sus neurastenias y para literaturizar su frustrada sexualidad. Es una actitud egoísta, que hace daño a Felice. Aunque también es verdad y no podemos perder de vista que Felice existe sigue existiendo (en esa forma de vida que asegura la belleza estética y la grandeza literaria de alguien, al menos) por esa relación y por las cartas que escribió a Kafka y Kafka le escribió a ella. Kafka fue un personaje dañino para Felice, pero le pagó los daños causados con una cierta forma de inmortalidad.


Estética

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Martes, 6 de febrero de 2018

“Todos los intentos, absolutamente todos los intentos de constituir una comunidad poseída de entusiasmo sirviéndose de los medios de una moderna sociedad de masas han terminado hasta la fecha en baños de sangre, terror, y espantosa decepción”.

Escribe Reiner Stach en su Kafka y lo leo y pienso en el nacionalismo catalán, naturalmente.

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Lunes, 5 de febrero de 2018

Noventa y tres intelectuales alemanes escriben un manifiesto que justifica la invasión alemana a Bélgica. Musil se siente entusiasmado por lo “hermosa y fraterna que es la guerra”. Ernst Lissauer escribe la Canción de odio a Inglaterra, que se aprende de memoria en todos los colegios. Thomas Mann habla de “una gran guerra popular, radicalmente decente, incluso solemne”. Hay muchas de estas intelectualidades en el escenario intelectual, podría decirse, de la matanza. Llama mi atención el escritor Stefan Sweig. Tan admirado como pacifista y tan admirado por mi por su autobiografía sobre todo. Pero. En su autobiografía Sweig oculta y niega y nunca rinde cuentas de su entusiasmo patriótico por la matanza. Escribe Sweig en su diario, respecto al éxito de las tropas alemanas en una batalla: “Uno se siente orgullosos de hablar alemán”. “Vivir este día ha sido en verdad hermoso, me alegro ya pensando en mañana. Se habla de cien mil prisioneros”. Y a propósito de los miles de civiles que cerca del frente son ejecutados bajo mera sospecha de espionaje: “Hay que cauterizar con el hierro al rojo lo que la suciedad ha hecho supurar”.

¿Y Kafka? Kafka, salvo algún moderado entusiasmo por el espectáculo de las masas enardecidas, se mantiene ajeno a los patriotas. Ha sido declarado no apto y libre de la obligación de acudir a la matanza y puede concentrar todas sus energías en su obra. En torno al 10 de agosto de 1914, escribe en uno de sus cuadernos: “Alguien debía de haber calumniado a Josef K., porque sin haber hecho nada malo, fue detenido una mañana.”

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Domingo, 4 de febrero de 2018

Kafka rompe al fin su compromiso con Felice Bauer y se decide a dejar Praga e instalarse en Berlín a vivir una vida de escritor. Entonces estalla la guerra. La Primera Guerra Mundial no es sólo una de las carnicerías más espantosas acontecidas jamás también es un evento sobre todo de una estupidez abismal. Un grupito de patriotas, y subnormales de ese estilo, decidió lanzar a millones de soldados a la matanza y los intelectuales (siempre tan canallas) los secundaron alegremente. Voy leyendo sobre los horrores de la Primera Guerra Mundial (6000 soldados muertos y trece mil heridos cada día durante más de cuatro años) y pensando lo que siempre he pensado desde que llegué a Europa, que es cuestión de tiempo que regresen los patriotas y toda Europa se convierta otra vez en un matadero.

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Sábado, 3 de febrero de 2018

La mayoría moral española de los chochos augustos y los hipócritas de las tertulias españolas han declarado la guerra a las azafatas. ¡Qué humillación! Claman las legiones de chochos augustos y los hipócritas del coro que se han pasado toda la vida mirándole el culo a las azafatas. ¡Qué ignominia las azafatas! ¡Prohíbanlas inmediatamente! ¡Qué horror! Veo en TVE a una que conduce un noticiario, joven, esbelta y cara de revista de colorines, horrorizada con las, según ella, mujeres floreros azafatas. ¿Alguien ha visto alguna vez en TVE a una presentadora de noticiario gorda vieja y fea?

¿Pero cómo es posible? Con la langosta a medio comer, desde sus confortables pisos o desde sus sillones bien pagados en las televisiones. ¡Intolerable! ¡Machismo! ¡Patriarcado! Pero. ¿Van a contratar ellas a las azafatas que pierden sus puestos de trabajo? ¿Les van a pagar el alquiler, la comida, la electricidad? ¿Van a mantener a sus hijos? O todo se limitará a cobrar por celebrar que echen a esas muchachas a la calle en nombre de su imbecilidad matriarcal y mamalona e hipócrita, y por seguir servilmente a las hordas de chochos augustos que ya amenazan con contaminar todo goce, toda alegría, toda señal de libertad y vida con sus rumiantes imbecilidades.

¡Dejen en paz a las azafatas!

3495

Viernes, 2 de febrero de 2018

Leo una entrevista con Ellroy. Me gustaba mucho Ellroy sobre todo La Dalia Negra y hubo un tiempo en que me lo leí casi todo de Ellroy. Pero. Hace poco volví a leer La Dalia Negra para inspirarme un poco y ya no me gustó tanto Ellroy lo encontré farragoso. Ellroy es ese tipo de escritor que no sabe parar ni sabe qué hay que cortar. Siempre le sobran páginas a sus novelas. También leí en su momento Mis rincones oscuros lo leí con grandes expectativas porque el tema de la madre me interesa mucho, pero me decepcionó bastante me dio la impresión de que Ellroy no es auténticamente un tipo retorcido sino que se hace el retorcido y respecto a lo de la madre demasiado comerciante. Ahora leo la entrevista y me parece que Ellroy está ya un poco chocho. O será el alcoholismo. O las camisas hawaianas que se pone. Y toda esa tontería con Dios y con ser el rey de esto y lo otro en fin no creo que vuelva a leer a Ellroy, todo se va derrumbando.

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Jueves, 1 de febrero de 2018

El librito será un soliloquio, me encanta esa palabra. Salgo a caminar porque dicen que caminar podría prolongar mis días sobre la tierra y enseguida me viene a la cabeza el soliloquio siempre en el mismo tono un tono de escritura así que sé que es un librito lo que viene a mi cabeza y no reflexiones dispersas. El soliloquio es una corriente. Una voz. Una voz iracunda eso es lo que me gusta y por esa razón tal vez termine de escribir el librito. Uno escribe naturalmente y cada vez más porque la furia lo invade.

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Miércoles, 31 de enero de 2018

“Y en lo otro que pensé mientras caminaba por el pueblo fue en las tragaderas de los españoles qué tragaderas. Los nacionalistas vascos y catalanes se pasaron décadas matándolos en las calles y llevan décadas chantajeándolos e insultándolos y construyendo sus pequeños feudos antiespañoles con el dinero de los españoles y traicionando siempre a los españoles y las tragaderas españolas son tales que lo soportan todo. Y no sólo lo soportan sino que lo pagan y la solución para los Gobiernos españoles (tan cobardes y ¡primero el Partido!) siempre ha sido dar más y más dinero y más competencias (a cambio de apoyo para mantener el Poder y el acceso a la caja del tesoro), a estos sediciosos racistas antiespañoles facilitándoles así el desmantelamiento de España. Dinero mucho dinero y privilegios especialmente a los vascos para que dejaran de matar. En vez de suspender la autonomía vasca y endurecer las penas para los terroristas y sus cómplices, negociar con los asesinos y al resto de los cómplices racistas chantajistas antiespañoles (léase políticos nacionalistas vascos) comprarlos con trozos de soberanía española. A mi sucio cerebro le cuesta imaginar algo más sucio.”

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