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Domingo, 16 de junio de 2019

Ayer decía que Colau no era el mal menor, que era el mismo mal, mejor disimulado. Rectifico. Colau es el mal mayor. Porque Colau es el producto final del nuevo catalanismo: Colau es racialmente antiespañola. Que es mucho peor que ser independentista. La antiespañolidad apunta al corazón del ciudadano español libre e igual. El independentismo apunta a un callejón sin salida. El problema de Ada Colau no es que sea independentista es que es antiespañola. Colau es el Nuevo Catalán, que es más o menos golpista, más o menos independentista, más o menos constitucionalista, pero ya no es español.

La guerra (dejemos los subterfugios) que se libra hoy en España, es la guerra entre ciudadanos españoles libres e iguales y las tribus antiespañolas lideradas por las tribus catalana y vasca.

Prohibir que se coloque una pantalla en Barcelona para ver un miserable partido de fútbol de la selección española no tiene que ver nada con el independentismo ni con el derecho a decidir tiene que ver con un antiespañolismo raigal que reclama un espacio y un territorio, físico y mental, ajeno a España y ajeno a los ciudadanos españoles libres e iguales.

En cuanto a Valls, Valls es un catalanista. Me gustaría verlo hablando en corso o bretón en las instituciones francesas. Me temo que aspira a ser el próximo Pujol, a dirigir la tribu catalana. Por eso es más peligroso que Junqueras. Con Valls no se podrá aplicar el 155 jamás, como no se aplicó con Pujol. Y mientras tanto seguirá su curso la desespañolización de España y el ciudadano español libre e igual será finalmente aniquilado.

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