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Domingo, 6 de enero de 2019

Y como hablé de la bahía habanera bahía putrefacta que conozco muy bien porque tuve que atravesarla mucho tiempo cuando era esclavo en la isla pavorosa. Recuerdo que me sentaba en el tejado de la termoeléctrica y veía a unos sábalos enormes que se arremolinaban en las aguas contaminadas que se vertían directamente en la bahía y los viejos del lugar me decían que mucho cuidado con comerse uno de aquellos peces porque quien lo hiciera caería muerto al instante. Allá arriba en la azotea de la termoeléctrica escondido detrás de unas tuberías humeantes escribí un libro de poemas bastante malo. Y hasta allá arriba a la azotea llegaba el tufo de los rusos en los barcos rusos de los que estaba llena la bahía un tufo penetrante y típico de todo lo ruso en mi cerebro todo lo ruso apesta de forma repugnante. Y claro siempre mientras estaba en la azotea tenía frente a mí el paisaje atroz de la ciudad al otro lado de la nauseabunda bahía.

Yo no sé qué le pasa a los escritores cubanos con esa ciudad espantosa y siniestra, a Cabrera Infante puede perdonársele porque hablaba de otra Habana pero a partir de los setenta más o menos ya es imperdonable cualquier cursilería tribal y costumbrista a costa de esa isla pavorosa y de esa ciudad hedionda.

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© Juan Abreu, 2006-2018