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Miércoles, 7 de febrero de 2018

Kafka se encuentra con Felice en Bodenbach, una pequeña ciudad industrial a orillas del Elba. Pasan dos horas en la habitación de un hotel y Felice tumbada, espera que Kafka haga algo ¡le haga algo!, pero Kafka nada. Bueno, nada sexual. Kafka le lee un fragmento de El proceso. Pobre mujer. A Kafka le aterroriza el sexo y lo físico, excepto la relación enfermiza que tiene con su propio cuerpo, que somete a rigores un tanto masoquistas. Y no hay que olvidar que a la primera oportunidad convierte su cuerpo en el de un insecto.

A mí me va causando desasosiego lo de Kafka con Felice. Kafka usa a Felice como tema para paliar sus neurastenias y para literaturizar su frustrada sexualidad. Es una actitud egoísta, que hace daño a Felice. Aunque también es verdad y no podemos perder de vista que Felice existe sigue existiendo (en esa forma de vida que asegura la belleza estética y la grandeza literaria de alguien, al menos) por esa relación y por las cartas que escribió a Kafka y Kafka le escribió a ella. Kafka fue un personaje dañino para Felice, pero le pagó los daños causados con una cierta forma de inmortalidad.


Estética

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© Juan Abreu, 2006-2011