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Presentamos los retratos de los fusilados cubanos en Bruselas. Digo esto:

Pintar estos retratos ha sido difícil, sobre todo porque honrar a estos hombres era el primer objetivo, y uno se pregunta siempre si estará a la altura. Hasta que se da cuenta de que nunca se está a la altura de algo así, y sigue trabajando sin más, tratando de hacerlo lo mejor posible.

Desde un punto de vista pictórico, he tenido la oportunidad de aventurarme en un género (el retrato) que casi desconocía. Yo no soy un pintor que busca un estilo. Si se mira mi trabajo de los últimos treinta años se verá una gran variedad de temas y diferentes maneras de abordarlos. Esta actitud me ha sido muy útil a la hora de plantearme la tarea de pintar a los fusilados por los hermanos Castro. No he intentado hacer retratos convencionales, eso se ve enseguida, sino acercarme a los rostros (muchas veces borrosos, conservados apenas en viejas fotografías) de forma franca y veloz, con el propósito de crear una imagen pictórica poderosa (y musical, en los mejores casos). He huido de la repetición. Cuando las soluciones se me hacían fáciles, he buscado otras, de ahí que a veces haya gran diferencia entre la manera en que está pintado un retrato y otro. Sin embargo, aspiro a que reunidos tengan un lenguaje común y funcionen como una unidad pictórica. 1959 es un sólo cuadro compuesto por cientos de cuadros.

Pintar tantos retratos es sin duda una tarea colosal, y es algo que marca la vida de un artista y marca su obra naturalmente. He dedicado muchas horas de trabajo, durante años, a esta tarea. Y me he esforzado, como decía antes, para que, visualmente, desde un punto de vista estrictamente estético, estos retratos nos hablen de vida e incluso de alegría, y nos hablen, no de la oscuridad, sino de la luz.

Si ustedes ven hoy en ese retablo de hombres sacrificados un espectáculo de color y vida, entonces es que he tenido éxito porque desde el mismo momento en que comencé a pintarlos, estuve seguro de que sus retratos deberían hablar de lo que estos hombres fueron, y no de lo que se les arrebató.

Porque si bien el tiempo de los asesinos remite siempre a la oscuridad y a la muerte, el tiempo del arte ha de empujarnos hacia la vida y hacia la luz.

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© Juan Abreu, 2006-2011