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Domingo, 9 de enero de 2022

Eros y política (Àngels Barceló)

Para mi querida Rebeca Argudo.

Durante un tiempo, recién llegado a España, me gustó Angels Barceló. Ahora ya no, porque ha ensanchado vertiginosamente y la acecha inexorable la fuerza de gravedad. Me gustaba Barceló en general, era una mujer gustosa, tenía algo en la cara, en la comisura de los labios sobre todo, que insuflaba un cosquilleo, un no sé qué babosillo a mi primer cerebro. Pero, ay, hace mucho que lo que me atraía de la señora Barceló, desapareció. Y esfumadas las frondas de eros, lo que ha quedado es la cruda fealdad izquierdista española, que es lo que siempre hay en el fondo de una progre española a quien nunca le ha faltado el papel higiénico.

Yo, que me he tenido que limpiar con el Granma, el Juventud Rebelde y hasta con la revista Verde Olivo (Órgano Oficial de las Fuerzas Armadas) durante veintiocho años, veo ahora a la señora Barceló de manera muy diferente. Por ejemplo, lo que me gustaba tanto en su rostro se ha convertido en un rictus amargo de presidenta de CDR* cubano que se ha creído las patrañas de Eduardo Galeano y ha leído todas las novelas de Almudena Grandes. En España, si eres de izquierda y roja y castrista y además escribes, saltas a la fama y a la popularidad y a la veneración de la izquierda periodística y literata (casi toda), en un santiamén. Aunque seas una escritora de tercera (se impone la piedad) como Almudena Grandes, Lenin la tenga en su seno.

Àngels Barcelò trae a la política española el recuerdo de un no sé qué babosillo en mi primer cerebro, la cruda fealdad izquierdista de quien siempre ha tenido papel higiénico para limpiarse, y trae el rictus amargo de presidenta de CDR cubano que se ha creído las patrañas de Eduardo Galeano y ha leído todas las novelas de Almudena Grandes.

*Comité de Defensa de la Revolución.

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