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Domingo, 8 de noviembre de 2020

Eros y política (José Luis Escrivá)

Cuántos recuerdos de infancia, cuántos efluvios encandilados sólo de ver al señor Escrivá. Cierro los ojos y veo al señor Escrivá a lomos de su dinosaurio y enarbolando su hacha de piedra. Ya me perdonarán, pero yo adoraba a Trucutú. Ay, y ahora encontrármelo en el Gobierno de Sánchez, qué maravilla. No me pierdo una de las, por desgracia, escasas apariciones del señor Escrivá, no importa que vista traje yo siempre lo veo en taparrabos. En cuanto mi padre dejaba el periódico yo corría a ver las tiras de Escrivá, digo, de Trucutú.

Pero vayamos a lo erótico, que es nuestra razón de ser. A muchas mujeres les gustan los trucutús. No se crean nada de eso de que la haga reír, qué hombre más gentil, qué delicado y romántico. Pamplinas. Un trucutú enorme y peludo que las haga gozar en la cama. Esa reminiscencia del bruto de las cavernas que impone sus primitivos impulsos de macho que huele y se comporta como un macho. Escrivá está de suerte a pesar de su cara de rinoceronte disecado y su cutis virulento (de viruela). Un hombre trucutú como el señor Escrivá siempre tiene mucha demanda sexual y además es muy necesario en el panorama erótico de un país.

El señor Escrivá trae a la política española el famoso Trucutú de las tiras cómicas el taparrabos intelectual la cara de rinoceronte disecado el cutis virulento (de viruela) y el porte cavernícola tan necesario para la salud erótica de un país.

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