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Domingo, 18 de octubre de 2020

Eros y política (Salvador Illa)

El señor Illa es un ser envidiable desde el punto de vista erótico: es catalán. Los catalanes no sólo viajarán en un futuro próximo con todos los gastos pagados por el hecho de ser catalanes, sino que ya disfrutan de barra libre sexual por su condición de catalanes. Yo lo veo razonable y justo, los seres superiores merecen un tratamiento erótico especial naturalmente.

El señor Illa tiene cara de catalán y ademanes y ceño fruncido a lo raza superior y voz de catalán y esa soberbia de quien se sabe racialmente elegido por la Evolución y lo mismo confina a cinco millones de madrileños que le espeta a cincuenta mil muertos ¡No ganarán, esta vez no! que dice una cosa hoy y la contraria mañana, y siempre tiene razón. Catalanidad en acción, en cuerpo y alma como dicen los literatos. Es lo que tiene ser catalán. Carece de sentido que yo me ponga a describir aquí las características físicas del señor Illa porque al ser catalán el señor Illa se asumen óptimas, genética y racialmente inmejorables como corresponde a un ser superior. Por otro lado, el señor Illa es un catalán catalanista es decir nacionalista y a ese tipo de catalán nada le es negado en España. Todo se le concede y todo le será concedido. Al señor Illa le bastará con pedir por el interfón de su oficina ministerial un trío una orgía o una sesión sadomasoquista y al momento se le complacerá. Qué envidia.

El señor Illa trae a la política española la superioridad erótica catalana la barra libre sexual por motivos de raza y de superioridad genética la cara los ademanes y la voz de catalán de raza y la soberbia de quien se sabe racialmente elegido lo que fascina mucho, y trae la catalanidad en acción y el trío la orgía o la sesión sadomasoquista a la carta lo que despierta una gran envidia. La mía por no ir más lejos.

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© Juan Abreu, 2006-2019