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Domingo, 11 de octubre de 2020

Eros y política (Teodoro García Egea)

Del señor García Egea eróticamente hablando hay poco que decir. Un par de cosas. Bueno tres, si mencionamos su frente frontispicio. Pero. Dos sustanciales. La primera es que el señor García Egea encarna de forma eminente el pijo maniquí. Ya saben ustedes, ese arquetipo de pijo que no parece humano sino un muñequito de cartón laqueado. Eso es bonito, luce bien en televisión, pero no es muy erótico. Si yo fuera mujer y me metiera en retozos sexuales con el señor García Egea me pasaría todo el tiempo que durase el revolcón temiendo que se le resquebrajara la polla.

La segunda cosa es que el señor García Egea causa la impresión (al menos a mí) de tener siempre una mazorca de maíz inserta en la cavidad anal. Lo que otorga a su figura un envaramiento angustioso. Hasta cuando ríe el señor García Egea exhibe un rictus dolorido. En la isla pavorosa donde nací de este tipo de gente (gente falsa y falaz según el sentir popular), era costumbre decir se tira los peos (pedos) más altos que el culo, o parece que siempre tiene una mazorca metida en el culo. Yo cuando veo al señor García Egea en televisión me angustio. Pienso en la mazorca y me entra el desasosiego. Pero. Dejando a un lado estas dos pequeñas particularidades, el señor García Egea es un hombre atractivo que estoy seguro que tiene una vida sexual sana y activa.

El señor García Egea trae a la política española la frente frontispicio el temor femenino a la polla quebradiza el pijo maniquí el muñequito de cartón laqueado el tirarse el peo (pedo) más alto que el culo y la angustiosa impresión de que tiene una mazorca de maíz inserta en la cavidad anal lo que produce un gran desasosiego.

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© Juan Abreu, 2006-2019