4417

Domingo, 13 de septiembre de 2020

Eros y política (Cuca Gamarra)

Tuve una novia hace mucho tiempo que se llamaba Cuca, o le decían, nadie se llama Cuca, y tengo muy buenos recuerdos sexuales de ella. Era una de esas mujeres soeces de aspecto y contenido que suelen ser espectaculares en la cama. Si te gusta eso, claro. A mí sí. Que te digan ¡párteme en dos Papi!, ¡ahora, ahora, te la voy a dar toda!, y cosas así. Les digo esto porque las mujeres que se llaman Cuca ya me tienen medio ganado y tal vez no sea muy imparcial con la Cuca que nos ocupa, que es la señora Gamarra.

La señora Gamarra, eso sí, tiene su defecto de nacimiento (al menos para este retablo), es la sucesora en el puesto de portavoz del PP de Cayetana Álvarez de Toledo y si partimos de Cayetana ya cualquier otra mujer va cuesta abajo. Así que ando debatiéndome como ven entre la Cuca calentorra y soez de mis recuerdos y la Cuca cuesta abajo en el desbarrancadero digamos que conlleva suceder a Cayetana (competir con su exquisito cerebro y su cuello florentino) y hacerlo en plan chucho faldero popular.

Y más. La señora Gamarra tiene cara de conserva caducada pero eso no es un gran defecto en una mujer del partido y de la edad de la señora Gamarra, esa edad en la que las mujeres entran a toda velocidad en el reino de la arruga la esponjosidad y el pellejo triunfante. Y aún empeora, la señora Gamarra es una mujer de rodillas papada y ausencia de tobillos algo tan poco erótico: la ausencia de tobillos, en ciertas posiciones, me produce la peculiar sensación de estar follando con una elefanta.

La señora Gamarra trae a la política española la cara de conserva caducada el reino de la arruga la esponjosidad y el pellejo triunfante la rodilla papada la portavoz chucho faldero popular y trae la ausencia de tobillos que, en ciertas posiciones, me produce la peculiar sensación de estar follando con una elefanta.

Comentarios

© Juan Abreu, 2006-2019