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Domingo, 6 de septiembre de 2020

Eros y política (Fernando Simón)

Si no fuera por el virus chino y por la pandemia china los seguidores de mi retablo del eros político español se hubieran perdido al señor Simón. Una verdadera lástima. Porque. El señor Simón es el motorista infernal del erotismo español. Y un motorista infernal siempre tiene su punto de lujuria. Nadie lo negará. Como el famoso personaje de Nicolás Cage el señor Simón va dejando por toda España un reguero de cadáveres que se le desaparecen de las estadísticas en un dos por tres, algo sólo al alcance de un motorista infernal. El señor Simón es además el Marlon Brando del diario El País con su chupa de cuero sus guedejas alborotadas y su aire de querer ser apache y quedarse en taíno o hasta en caribe, que eran antropófagos.

El señor Simón por más señas es deportista, surfista y playero y como el guaperas de su jefe-presidente vive para el bronceado blindado: ni siquiera 50 mil muertos le hacen mella. Un hombre así, en la cama, ha de ser algo inusitado. Hay que decir además que el señor Simón es un artista de las matemáticas posmodernas que permiten que “uno o dos casos a lo sumo” sean miles y colapsen hospitales y llenen cementerios en un acto digno de un Houdini o un David Copperfield. ¿Y qué hay más erótico que un Escapista que puede aventarse a placer cuando llega el marido de la dama o un Ilusionista que puede crear la ilusión de que tiene la polla larga y dura aunque sea un pichacorta pichafloja?

El señor Simón trae a la política española el motorista infernal y su punto lujurioso, el Marlon Brando de El País de chupa de cuero y guedejas alborotadas, el querer ser apache y quedarse en taíno, las matemáticas posmodernas del “uno o dos casos a lo sumo” y el mítico atractivo del Escapista, del Ilusionista capaz de crear la ilusión de que tiene la polla larga y dura cuando en verdad es un pichacorta pichafloja.

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