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Sábado, 18 de julio de 2020

Eros y política (Gerardo Pisarello)

El señor Pisarello es un sudaca rojo, hay sudacas de colores varios, yo por no ir más lejos soy un sudaca verde o azul. Y hasta sudaca pink puedo ser. Pero nunca rojo, que es el color enemigo de la libertad, el color de la esclavitud comunista y el color del gulag del asesinato político y el color del tiro en la nuca. Aunque esto no es un problema para el señor Pisarello, en España adoran el color rojo. El señor Pisarello nació en Argentina, un país que desde hace un siglo es gobernado por delincuentes, nazis, ladrones, asesinos y peronistas (que viene a ser una combinación de todo lo anterior) y parece interesado en argentinizar España. O eso creo yo. Tampoco importa mucho porque España va directamente al castro-chavismo, que es mucho peor. Hay que apuntar, además, que el señor Pisarello lleva un aro amarillo en la oreja igual que el terrorista Otegui y que entró en política de manos de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, una mujer profundamente analfabeta, vulgar, y enemiga de los bolardos de protección contra los ataques terroristas si son españoles (los bolardos).

El señor Pisarello es bajito en todos los sentidos. Política e intelectualmente su momento cumbre consiste en quitar una bandera española del balcón del ayuntamiento barcelonés. El señor Pisarello tiene un rostro vacuno (de mini vaca o vaca enana) y su sueldo es sin duda su valor erótico más relevante. En cuanto a su cerebro, sólo decir que es un tipo capaz de hablar de “constitucionalismo antidemocrático” en España. No es necesario añadir nada más. Ah, sí, otra cosa, cuando quiere parecer profundo el señor Pisarello pone cara de morsa meditabunda. No sé qué pretende con eso. Pero le funciona, ha llegado a la Mesa del Congreso español. Algo dirá eso del Congreso español. ¿No?

El señor Pisarello trae a la política española el sudaca rojo el arito en la oreja a lo Otegui el rostro vacuno (de mini vaca o vaca enana) el constitucionalismo antidemocrático el sueldo como valor erótico más relevante y la cara de morsa meditabunda cuando quiere parecer profundo, algo que recomiendo mucho poner en práctica a los jóvenes políticos españoles, véase el buen resultado que ha dado al señor Pisarello.

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