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Domimgo, 10 de mayo de 2020

Eros y política (Alberto Nuñez Feijóo)

Los hombres narizón badajo juegan con ventaja. El narizón badajo es un estandarte lúbrico. A eso súmese la buena planta, el poder político y ciertos ademanes propios del macho pichadulce que cualquier observador sensible detecta enseguida en el señor Feijóo, para que podamos afirmar sin temor a equivocarnos que, sexualmente, el señor Feijóo tiene la batalla ganada. Es un varón depredador. No un gran depredador, un depredador pequeño, de bolsillo si se quiere. Pero un depredador. ¿Y hay algo que fascine más a las mujeres que un depredador?

Lo único que no acompaña eróticamente al señor Feijóo es la voz. La voz es su mayor flaqueza. Y es el motivo por el que nunca será un líder nacional, es un hombre que tiene voz de minorista. Me dice un amigo que es por el gallego, porque se empeña en hablar gallego, un dialecto flojo, que le impide imprimir a su voz un tono varonil, resuelto, uno de esos tonos que encandilan a las multitudes. En gallego eso es imposible, asegura mi amigo, que se dice gallego (qué infausta manía la de los españoles con el lugar donde nacen). Tal vez tenga razón. O no. Mi amigo. Ahora bien, una cosa es cierta, ¿a quién se le ocurre hablar gallego pudiendo hablar español, un idioma grande, poderoso y varonil hasta en los sonetos?

La voz del señor Feijóo tal vez sea una potala para su destino político, pero, tiene una importancia menor para su devenir sexual. La buena planta y el carácter depredador y esa gran nariz badajo que tanto gusta a las mujeres allanan definitivamente el camino erótico del señor Feijóo y, con toda seguridad, lo colman y colmarán de placeres y de dulces delicias de mujer.

El señor Núñez Feijóo trae a la política española el depredador de bolsillo la voz de minorista la flojera dialectal los ademanes propios del macho pichadulce y el narizón badajo que allana a sus afortunados poseedores el dulce camino que conduce sin mayores obstáculos a los carnales deleites de mujer.

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