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Sábado, 9 de mayo de 2020

Eros y política (Lucía Méndez)

Uno de los vínculos más singulares entre eros y política en España, es el que aporta la señora Lucía Méndez. Y no hablo de su rostro de bombo aporreado. Rostros de bombo aporreado los hay a montones. Me refiero al carácter desértico general de la señora Méndez. Yo es verla en la televisión o leerla y todo remitirme al desierto. Dunas, escarabajos peloteros que avanzan bajo el sol ardiente arrastrando, afanosos, pelotas de excrementos, lagartos, serpientes de arena, letales escorpiones, simpáticas salamandras, iguanas y, naturalmente el fénec o zorro del desierto. Esto atraerá a muchos, no digo que no, por lo exótico ¿quién no ha fantaseado con follarse a una o dos beduinas en un oasis perdido?, pero resulta demasiado reseco para mi gusto, yo soy de babas.

Las personas obesas o pasadas de peso o moderadamente regordetas, como la señora Méndez, suelen remitir a lo húmedo, lo acuoso, a lo pastoso e incluso a la charca original de donde venimos todos, lo que resulta de un considerable atractivo sexual. Pero no ocurre así con la señora Méndez, al menos hasta dónde alcanzo a ver. He estudiado bastante el caso de la señora Méndez y puedo decirles que incluso a sus escritos les crece un cactus aquí o allá y lo atraviesa, ocasionalmente, una salamandra. Lo que certifica, en mi opinión, este carácter desértico del eros de la señora Méndez y de la señora Méndez en general. No me atrevería a decir que esto significa una ventaja o una desventaja para la vida erótica de la señora Méndez. Me inclino a pensar que ni lo uno ni lo otro, que la sitúa en una posición sexual promedio. Ni mucho ni poco. No se sacia si se dispara su apetito carnal, pero tampoco pasa hambre.

La señora Méndez trae a la política española la evocación del desierto el rostro bombo apolismado el escarabajo pelotero que se afana bajo el sol arrastrando cacas ajenas el tráfico sexual promedio la rareza de la gordita sin agua lúbrica y el texto al que le crece un cactus y lo atraviesa ocasionalmente una salamandra.

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