4277

Sábado, 18 de abril de 2020

Eros y política (Macarena Olona)

Hay mujeres que están eróticamente más allá de las consideraciones que atañen al resto de sus congéneres. Están en un nivel de cosas en el que todo es temblor carnal y temor reverente a la hembra ancestral. Muchas mujeres son atractivas y algunas hasta irresistibles y otras, muy pocas, tienen eso que he dado en llamar hembracidad, que, a pesar de ser algo excelso, está por debajo de la mujer hembra ancestral. La mujer hembra ancestral nos reclama severa desde el fondo de los líquidos que fuimos, desde las entrañas acuosas de la madre primera; se trata de un reclamo primigenio, de un llamado de las eras en las que el poderío sexual de la hembra estaba aún directamente conectado a la madre fundamental.

En la política española sólo hay, hasta donde he alcanzado a ver, una hembra con estas características, la señora Macarena Olona. Verla hablar en la tribuna es uno de los espectáculos más eróticos que depara hoy no sólo la política, la vida española en general. Qué voz de puñal lubricado, que pico curvo, qué ojos de tigre de bengala. Y digo tigre porque este tipo de ser sexual abarca todos los géneros. Qué cejas cimitarras, qué ubres generosas e iniciáticas. Qué perfil de carga de caballería. Qué sedosidad depredadora. Qué cabellera látex dominatrix.

La señora Macarena Olona trae a la política española la hembra ancestral la hembracidad superada la voz puñal lubricado el pico curvo las cejas cimitarras los ojos tigre de bengala la sedosidad depredadora el líquido que fuimos y el deseo sumiso de ser devorado que sólo despierta en nosotros una presencia sexual conectada a los dominios de la madre fundamental.

Comentarios

© Juan Abreu, 2006-2019