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Lunes, 16 de marzo de 2020

Eros y política (Clara Ponsatí)

La relación de Clara Ponsatí con lo erótico es vírica. Si el promiscuo coronavirus tuviera rostro, sería el de Clara Ponsatí. A primera vista Ponsatí parece un caso claro de sexo grotesco en última instancia. Pero. Conocemos la enorme capacidad mutante de los virus. Yo he mirado a la señora Ponsatí un lunes y he visto un crustáceo rojo ríspido y calcáreo con la peluca de Andy Wharhol, y un martes un marsupial dasiuromorfo (o demonio de Tasmania), mientras que el miércoles la señora Ponsatí era ya un cernícalo ratonero. Qué pico curvo raza superior pureza genética catalana la señora Ponsatí. Y lo peor es que no sólo muta la señora Ponsatí en animalitos. No. Doy fe de que le he visto mutar hasta ser indistinguible de Companys el Fusilador, o de Bartolomeu Robert para no hablar de la mutación Ponsatí perfecta (la mejor que le he visto) en Hermine Ryan Braunsteiner La Yegua de Majdanek, una señora dedicada a la pureza de la raza que es algo muy apreciado por la señora Ponsatí.

Lo que produce un enorme desasosiego erótico en el caso de Ponsatí es que no se sabe nunca con quién se folla follando con Ponsatí.

Ya sé que la gracia de estos retratos erótico-políticos consiste en encontrar algún intersticio, por mínimo que sea, por el que meter el pito, por decirlo coloquialmente, conciliar al personaje tratado con el mundo fabuloso del goce carnal. Y no crean que no lo he intentado con la señora Ponsatí. Pero. Lo único que he encontrado libre de infecciones no sé si será suficiente. Es esto: ¿no es la señora Ponsatí una prófuga de la justicia? Y. ¿No tienen las prófugas de la justicia un gran atractivo erótico? Yo mismo, ¿qué no hubiera dado por revolcarme con Bonnie la de Bonnie and Clyde?

La señora Ponsatí trae a la política española el mutante vírico el crustáceo rojo ríspido y calcáreo con peluca de Andy Wharhol el cernícalo ratonero y el marsupial dasiuromorfo (o demonio de Tasmania) y, tal vez, la lujuria que despiertan las prófugas de la justicia. Y trae además dicho sea de paso lo que Reinaldo Arenas definía como “una yegua”. Que en su formidable lenguaje significaba “persona carente de cualquier atributo moral”.

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© Juan Abreu, 2006-2019