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Martes, 18 de febrero de 2020

Eros y política (María Jesús Montero)

En la cama, a todos nos gustan las mujeres vulgares. ¿Quién quiere a una remilgada en la cama? Nadie. Nada es comparable a una mujer vulgar en la cama, iba a escribir desinhibida pero la palabra se queda corta. Las muñequitas prístinas y recatadas que te la cogen con dos dedos siempre serán poca cosa en la cama. El ideal sexual es un heraldo del desenfreno. Y. Si además de vulgar en la cama, fuera de ella, la mujer en cuestión tiene lo que he dado en llamar hembracidad (que siempre alberga un átomo de amoralidad e indecencia), entonces amigo mío está usted en presencia de una verdadera gema erótica. Una mujer así no es una mujer es un afrodisiaco ambulante, es como una de esas vírgenes que (dicen) esperan a los terroristas musulmanes en el Paraíso dispuestas a lo que sea. Pero. Claro. Cambiando a las vírgenes (¿hay algo más aburrido para follar que una virgen?) por mujeres bien entrenadas mujeres trasegadas mujeres vividas a las que la libertad sexual (la única que existe) les salga a chorros por los poros en cada corrida y en cada palabrota que escolte su dicha de gozar y de vivir.

Yo no sé nada de la vida sexual de la señora Montero, como es lógico, pero me fascina la vulgaridad ceporro que trasmite la señora Montero y no me parece exagerado imaginar a la señora Montero como una mujer de exquisita vulgaridad en su vida, digamos, carnal. Qué excelsa guaricandilla me digo en cuanto la veo. No me pierdo ninguna de sus comparecencias o lo que sean. ¿Existe la boca verdulera, el lenguaje rabisalsero? Sí, existen. Véase a la señora Montero. Y qué manera macarra de torcer el gesto con el boquete bucal entreabierto mientras dice algo siempre ininteligible, pero, ¿a quién le importa?, si lo que dice está lleno de sabor verdulero.

La señora Montero trae a la política española la vulgaridad ceporro la hembracidad presentida el afrodisiaco ambulante la virgen musulmana putón verbenero, la excelsa guaricandilla de verbo incomprensible y una deliciosa y macarra manera de torcer el gesto con el boquete bucal entreabierto ¡pero lleno de sabor verdulero!

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