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Jueves, 13 de febrero de 2020

Eros y política (Teresa Ribera)

Siempre pensé que el político español que más se parecía a un velociraptor era María Teresa Fernández de la Vega: estaba equivocado. Soy un hombre que reconoce sus errores. El político español que más se parece a un velociraptor es Teresa Ribera. Esa estructura curva de los maxilares que más que maxilares son pico de ave carroñera, esa nariz calcárea esos ojos de sangre fresca y de carne triturada, qué plumaje quiero decir qué pelambrera ríspida. No quiero quitarle mérito, pero la señora María Teresa Fernández de la Vega, fue convirtiéndose mediante un arduo proceso, operación a operación, en un velociraptor, sin embargo y esto la sitúa en una categoría superior, creo, lo de la señora Ribera es de nacimiento. Es que hasta da la impresión de haber salido de un huevo, algo fascinante.

Ahora bien, eróticamente considerando, que para eso estamos aquí, el peligro es un afrodisiaco poderoso quién puede negarlo. Quién no ha querido que lo devoren durante un acoplamiento salvaje. Por qué hay que detenerse por qué no continuar y que la pequeña muerte, como dicen tan ridículamente los franceses, entronque con la muerte grande para qué seguir por qué bajar de esta cumbre, se pregunta uno yo me lo he preguntado muchas veces. A mí que la señora Ribera me clave ese pico dentado y disperse mis vísceras por el escenario de la dicha de acabar de una vez, pero gloriosamente. Cada día soy más partidario de una muerte violenta como ven, lo otro la alternativa más común y corriente es humillante, ¿no? Y si bien para follar la señora Ribera es un mísero incentivo, para morir en el acto supremo es una enorme basa.

La señora Ribera trae a la política española el velociraptor de nacimiento el maxilar carroñero la nariz calcárea el alumbramiento ovíparo y el irrefrenable y oscuro deseo de ser devorado durante el acoplamiento sexual que, podrán negarlo todo lo que quieran, es algo que hemos sentido todos los hombres de bien y el que no lo haya sentido, peor para él.

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