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Miércoles, 12 de febrero de 2020

Eros y política (Irene Lozano)

Es de conocimiento general que me gustan las negras. Saben diferente y huelen diferente, y en el país erótico el sabor y el olor son fundamentales. Mi amigo Jorge Ferrer nunca se ha follado una negra (sólo ha llegado, ay, hasta una mulata) y me paso la vida insistiendo para que subsane ese grave déficit vital. Pero. Me desvío. Irene Lozano. Su negritud. Es sabido que la señora Lozano todo lo que toda ¡como aquel Rey del cuento! lo torna negro presidencial, qué exquisitez. El toque negro hace de la señora Lozano una especie de cabra alpina, trepadora y fuliginosa. ¿Hay algo más lúbrico? Hasta el alma (ese invento cultural) se la imagino negra a la señora Lozano. Además, ese rostro suyo como a trompicones, el clásico rostro Arcimboldo, qué rústica sensualidad.

La oscuridad tiene la mayor autoridad sexual, yo soy de los de follar con luz (quiero ver lo que me como), pero la exaltación carnal la lujuria el desenfreno la baba primigenia el ventarrón del exceso pertenecen al reino de las sombras, a la negritud. Yo es ver a la señora Lozano y es ver una penumbra llena de promesas ya húmedas y dispuestas y hasta con los muslos entornadas que, como se sabe, es mejor que la promesa de penumbra muslos abiertos. Porque, ¿no es acaso el momento erótico cumbre ese momento en que apoyamos las manos en la cara interior de los muslos de la penumbra y ejercemos una mínima presión hacia afuera y los muslos de la penumbra se van abriendo entre un resbalar de aguas invitantes?

Y luego los largos dedos de la señora Lozano. Cualquiera que tenga el honor (que una mujer nos conceda acceso a su cuerpo es siempre un honor) de ser admitido en la intimidad de la señora Lozano debe ir, aconsejo, provisto de una pequeña linterna porque preveo que las sombras ¡la negritud! son copiosas en el centro divino del ser negro de la señora Lozano y, quizás exagere, pero yo llevaría también algún adminículo de los que suelen usarse para abrirse paso en los espesos follajes. Y que mientras nos abramos paso en la negrura esos dedos largos se abran paso a su vez. ¿No?

La señora Lozano trae a la política española lo negro presidencial la negritud cabra trepadora alpina el rostro trompicones o rostro Arcimboldo la penumbra muslos abiertos y la invitación a unos follajes que imagino sumergidos en mieles gruesas de pura sombra que, de solo imaginarlas, me provocan un henchido temblor.

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