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Martes, 14 de enero de 2020

Eros y política (Monserrat Bassa)

En la pavorosa decimos me importa un pito pues los pitos son muy importantes allá. En España parece que los pitos son menos importantes y por eso, supongo, dicen me importa un comino. La señora Bassa hace unos días en la tribuna del Congreso de los Diputados dijo ¡me importa un comino! pero yo, naturalmente, escuché me importa un pito. Lo que me animó mucho. Alguien habla en la sede del poder ciudadano de pitos, tema crucial para la salud individual y social, pensé, qué maravilla. Y enseguida se me ocurrió ofrecerle a la señora Bassa algún pito extra para que en otra ocasión pudiera exclamar ¡me importa dos pitos!, o, ¡me importa tres pitos! ¡Qué ilusión! ¡Un trío! Un trío que haría la vida de la señora Bassa y nuestras vidas más interesantes y plenas porque como se sabe la salud sexual individual tarde o temprano redunda en la salud social. Todo esto iba pensando y estaba tan absorto que no me fijaba en la señora Bassa. Transcurrieron al menos un par de minutos hasta que dediqué mi atención a su aspecto, y dejaba bastante que desear. Si algo no resisto del tribalismo regional español es la aridez de sus mujeres. No es que los hombres sean gran cosa, pero ellas son todo un ejemplo de falta de sensualidad. La señora Bassa, por añadidura, es de esas mujeres con la boca arremangada que parecen siempre experimentar asco por alguna causa indeterminada, o estar a punto de regurgitar a la manera de los pingüinos (el bolo alimenticio creo que se llama) para alimentar a sus ateridas crías.

A pesar de esto, usando el famoso método de la bolsa de papel en la cabeza, estoy seguro de que se podría conseguir algún tipo de acercamiento erótico a la señora Bassa. Yo recomendaría hacer el esfuerzo porque en los vastos territorios de la lujuria el deseo y hasta del amor carnal hay, o debe haber, espacio y oportunidades para todos.

La señora Bassa trae a la política española el comino que fue pito la boca arremangada el bolo alimenticio ideológico y la bolsa de papel en la cabeza que con frecuencia recomiendo para resolver satisfactoriamente los más peliagudos problemas con los que el placer sexual, siempre inextricable, nos enfrenta.

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© Juan Abreu, 2006-2019