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Lunes, 13 de enero de 2020

Eros y política (Mireia Borras)

Un par de veces al menos en mi vida erótica he sentido la necesidad de ofrecerme como animal de compañía. Recuerdo que hace años, en Barcelona, vi venir a una señora ¡qué señora! con un perrito y no lo pude evitar cuando llegó a mi altura la detuve y me ofrecí como animal de compañía. Quiero ser tu perrito ponme una correa y sácame a pasear, le dije. Ella, las mujeres son maravillosas, se echó a reír y pude comprobar entonces que era perfecta qué dentadura qué risa qué rostro luminoso qué voz. Soy un hombre que sabe que no hay escapatoria y que hay que vivir siempre con la boca llena y que sabe además que lo más importante en la vida es meterse cosas en la boca, y por eso me permito esos extremos.

Hace tiempo que no me pasaba que me dieran ganas de ofrecerme como animal de compañía. Pero. Hace unos días mis amigos de twitter (¡y luego los señoritos y los literatos critican twitter!) me descubrieron a la señora Mireia Borrás. Y me sucedió otra vez, sentí unas ganas inmensas de ofrecerme como animal de compañía. Sólo tiene que proporcionarme un poco de pienso y agua del grifo y alguna caricia cuando pueda y sacarme a pasear con mi correíta y mi camita en un rincón y mi arreo es todo lo que pido señora Borrás. Yo corresponderé con devoción absoluta y fidelidad inquebrantable.

La señora Borrás (no confundir con Borràs La Elefanta) posee un tipo de belleza que yo llamo de distribución perfecta una belleza donde todo está en su sitio de la mejor manera imaginable, y en los lugares donde se necesita: ¡abundancia! La sagrada abundancia que Casanova tenía por divisa y ley de vida. Qué pechos como cervatillos alebrestados qué carne montaraz. La señora Borrás es una gran deportista, además. He visto una foto suya practicando kickboxing que sólo puede disfrutarse a pequeñas dosis por temor a un derrame cerebral. Qué rostro de diosa selvática qué ojitos de miel implacable qué fervor carnal la señora Borrás.

La señora Borrás trae a la política española la belleza distribución perfecta los pechos como cervatillos encabritados los ojitos miel implacable la carne montaraz la sagrada abundancia y el deseo de convertirnos en devotos animalitos de compañía para dormitar a sus pies.

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© Juan Abreu, 2006-2019