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Lunes, 6 de enero de 2019

Eros y política (Mertxe Aizpurua)

Los aficionados al sexo necrófilo o con criaturas del submundo (súcubus, licántropos, íncubus, brujas, y engendros así) tienen en la señora Aizpurua un gran referente. Nadie provoca de forma más conspicua en la política española (ni siquiera Otegui) ese tipo de excitación sexual que requiere sangre, explosiones, matanzas, tripas y hasta sesos dispersos característica de la lujuria mortuoria. Es notorio y conocido que los grandes asesinos como Jack el Destripador, Andréi Chikatilo El carnicero de Rostov, Ted Bundy y gente así lo que buscaban era satisfacción sexual cuando se entregaban a sus liturgias asesinas. Muchos de estos personajes no conseguían correrse si no mataban a alguien. La señora Aizpurua además, comparte con Ibárruri La Pasionaria el aura miasmática exclusiva de las brujas en celo y las brujas en celo son las más sanguinarias porque la falta de macho, en esto coinciden todos los estudiosos, incrementa en ellas hasta extremos grotescos la sed de sangre.

La única relación de la señora Aizpurua (un ser cuyo rostro resulta indistinguible de los pútridos despojos de una hiena) con el erotismo que he podido hallar, es que la señora Aizpurua por su aureola siniestra y su aspecto de criatura del averno constituye el afrodisiaco ideal para los que requieren de estímulos violentos, de fetichismo extremo o de depravaciones necrófilas para alcanzar el clímax sexual. Los españoles aficionados al sexo necrófilo o a cualquier tipo de acoplamiento monstruoso están de fiesta.

La señora Aizpurua trae a la política española la oportunidad de correrse fantaseando con alguien al que le han reventado los sesos de un balazo o despanzurrado, junto a sus hijos, de un bombazo al poner en marcha el coche, y trae además un aura miasmática de bruja en celo que puede competir incluso con el de La Pasionaria cosa que ninguna otra bruja muerta o en activo había alcanzado hasta el momento.

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