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Viernes, 29 de noviembre de 2019

Eros y política (Maruja Torres)

El periodismo y la política en España comparten tantas cosas que con frecuencia no se sabe qué es uno y qué es lo otro, conforman un eficiente sistema de vasos comunicantes. Por eso es perfectamente normal que incluya a algunos periodistas en esta serie. Y. Quien mejor para comenzar que la señora Maruja Torres. Cierto que ya una antigualla, pero aún notoria. La relación de la señora Torres con el erotismo es, todos estaremos de acuerdo, muy tangencial. Pero tangencial no quiere decir inexistente. De hecho la señora Torres a pesar de su minuciosa fealdad tiene ventaja sobre muchísimas mujeres españolas por su condición de roja irredimible, lo que en España tiene rango de afrodisiaco y goza de especial predicamento. Los rojos en España son innúmeros y no sólo innúmeros sino que padecen una forma muy particular de daltonismo, no genético sino ideológico, que les impide ver ningún otro color que el rojo. Esta particularidad española sólo puede ser una bendición para la vida sexual de una roja famosa como la señora Torres, que atraerá al rojerío es de suponer como la sangre a los escualos.

El rojerío español tanto femenino como masculino (ignoro los gustos sexuales de la señora Torres) sólo ve el color rojo y sólo se siente atraído y sólo se encrespa con el color rojo y eso convierte a la señora Torres en un púlsar erótico en un símbolo sexual formidable. De lo que me alegro mucho porque no hay nada que me complazca más que saber que una mujer disfruta de una vida sexual rica y plena.

Maruja Torres trae a la política española el daltonismo erótico una fealdad horrísona pero triunfante el harén ideológico cautivo y una dentadura a lo Pablo Iglesias aunque más sarrosa que puede competir con la de los famosos cocodrilos del río Mara que vemos, espantados, en los documentales de la National Geografic.

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