4129

Viernes, 22 de noviembre de 2019

Eros y política (Felipe González)

En España hubo un momento que duró años en que todo el mundo mujeres y hombres querían que se los follara Felipe González. Era una situación muy semejante a la que tuvo lugar en Cuba con la llegada de Fidel Castro al poder: todos los cubanos querían que Castro se los follara. Los líderes carismáticos tienen eso que la devoción de sus seguidores enseguida se transforma en erotismo y en lubricidad y en tensión sexual no resuelta y el voto no es voto ciudadano sino una especie de eyaculación colectiva. Los votos en el caso español, se entiende, en el cubano como no se votaba ni se vota los seguidores llegaban al orgasmo gritando en la plaza: ¡Paredón!

Cuando llegué a España aunque ya no gobernaba el señor González noté el erotismo que emanaba de su figura. Conocí a una muchacha que cuando hablaba de González (ella le decía Felipe de esa manera obscena en que los cubanos llaman Fidel a Castro) se humedecía, pude comprobarlo, y cuando vi las fotografías del señor González lo entendí enseguida era el típico machito simpaticón y macarrilla adorable que encandila a las manadas. Un hombre de buen ver aunque algo cabezón, bajito y desculado y con esa arrogancia de los hombres bajitos que, llegados al poder, creen que son altos. En España, país que es un secarral cuando de políticos carismáticos se trata, el señor González, gracias a su carisma, reinó con tal intensidad que a pesar de ser quien sentó las bases de la España tribal y políticamente balcanizada de hoy, pasa por estadista y tal.

Felipe González trajo a la política española el político deseado sexualmente por las multitudes y en consecuencia un erotismo populista y una sinergia sexo-poder que pertenece a dictaduras de izquierdas como la cubana, y que en sistemas democráticos puede considerarse una rara avis.

Comentarios

© Juan Abreu, 2006-2019