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Domingo, 22 de septiembre de 2019

Eros y política ( Isabel Celaá)

Muchas mujeres en la política española son mujeres mariantonietas, es decir mujeres a las que hay que cortarles la cabeza (metafóricamente, se entiende) antes de aventurarse con ellas en cualquier tipo de retozo carnal. Con esta clase de mujer, es imposible mantener una erección decente enfrentados al espectáculo desasosegador de sus rostros. Amén de la señora Celaá, en la categoría mariantonieta encontramos a las señoras Teresa Rivera, María Jesús Montero, Margarita Robles, Carmen Calvo, Magdalena Valerio, María Teresa Fernández de la Vega, Cristina Narbona, Ana Pastor, Celia Villalobos y otras que se haría largo enumerar.

A primera vista parece algo gravoso lo de ser una mujer mariantonieta pero es lo más normal del mundo irse a la cama con una mujer mariantonieta y salir airoso, y ella muy satisfecha del lance. Siempre y cuando se tomen ciertas precauciones. Yo solía ponerles una máscara veneciana que tengo para estos casos, es una magnífica solución, lo aconsejo. Añade exotismo y rango artístico al acto. Suele suceder por otro lado, que muchas mujeres mariantonieta tienen cuerpos que nada tienen que ver con sus rostros desechables y hasta pavorosos, cuerpos estupendos. Tal vez la sabia naturaleza al ver el engendro que le ha salido en el extremo superior del cuerpo de dichas mujeres opta por aflojar la mano en lo demás. Como he dicho, abundan las mujeres mariantonieta en la política española pero señalo a la señora Celaá porque creo que destaca entre todas por cierta amargura perenne y una piel despeñada, al margen del estropicio facial general que la caracteriza y que en su caso alcanza el rango de mujer mariantonieta canónica.

Isabel Celaá trae a la política española el canon de mujer mariantonieta la obligatoria decapitación (metafórica) precoital la piel despeñada y el efecto Medusa invertido ya que no nos convertimos en piedra al mirar a la señora Celaá al contrario la polla se nos pone como un flan.

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