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Lunes, 12 de agosto de 2019

Eros y política (Juan Carlos Monedero)

Uno tiene su lado femenino y maricón como todo el mundo (no confundir lo femenino y lo maricón, por favor, son cosas distintas) y en mi caso se sabe que considero el sexo una actividad del orden alimenticio, como comer. También soy un promiscuo irredimible, creo que la promiscuidad es una forma de superioridad. Dicho esto. Ni yo follo con cualquiera. Existe en el sexo, afortunadamente, la repulsión moral. Y alcanza hasta a un tipo como yo.

La repulsión moral es algo anómalo en el erotismo que es un territorio en el que no hay límites, yo mismo he conocido mujeres para las que la cúspide del goce erótico sería follarse a un nazi de completo uniforme y que ladre en alemán mientras consuman el acto. Una mujer exquisita y formidable, por otro lado. Pero con esa fantasía. La moral es ajena al erotismo (excepto en casos como el de Monedero) y a la bendita fantasía sexual como he dicho tantas veces. He defendido eso por escrito en cientos de páginas que claman por la libertad y la amoralidad sexual y la superioridad y la sanidad de los promiscuos y los libertinos. Es decir, de los libres. ¿Cómo reconocer al enemigo? El enemigo en cualquier época y circunstancia es quien intenta imponer cercos morales a nuestros deseos sexuales.

El caso del señor Monedero es uno de los muy escasos de abstinencia por repulsión moral. El señor Monedero pertenece a una categoría de personas que anulan en cualquier interesado que conserve algo de decencia todo impulso sexual de raíz, e imposibilitan el ayuntamiento carnal. El señor Monedero, físicamente, es también bastante repulsivo sobre todo por sus ojos de cerdo en celo, por su característico tufo insalubre y por su pechito de pollo de granja pálido y esponjado.

Monedero trae a la política española la entonación tertuliana vago rojo habitual, el pechito de pollo de granja, el tarado prime time, el rechazo al acto sexual por objeción moral y el sueño de la razón que produce monstruos de la Embajada cubana.

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