15 enero 2008

Termino el libro de Irène Némirovsky. Gran emoción. Apago la lámpara, me tiendo boca arriba, contemplo el techo negro. La imagino a las puertas de la cámara de gas, pensando en su marido, en sus hijas, en su manuscrito. Débil, enferma, arreada como un animal por los perros del mal. La imagino serena al final de pie triunfante sobre su maravilloso libro.



Todo gran escritor está dispuesto a sufrir y a morir por sus palabras.
Los demás son redactores, traficantes, putas, mercaderes, vendidos, hueleculos, arrastrapanzas, palafreneros.



Una entrevista con Carlos Victoria.



Ray Fernández, entrevista, canciones

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