24 enero 2008

Converso con M. Tema, las ¿memorias? Ni una sola vez digo yo. Al referirme al protagonista. Todo el tiempo lo llamo el personaje.

Eres tú, me recuerda M.

Pero yo siempre hablo de el personaje.

He meditado sobre el asunto.
Identificarme con el protagonista es disminuirlo. Él es todo un personaje de un libro.

Y, a fin de cuentas, ¿quién soy yo?



Terroristas islámicos preparaban un bombazo en el Metro barcelonés el fin de semana pasado. Por suerte, la policía intervino a tiempo.

Hace poco di una vuelta por el Raval con mi querida S.
Poco falta para que al gato de Botero le pongan un burka.

La Barcelona a la que llegué hace una década apenas existe.

Al horror nacionalista añadamos hoy la certeza de que pueden destriparnos cada vez que entremos al Metro.



Correspondencia

Hola Juan, qué agudeza en describir, breve pero cierto, tu paseo por el Raval y esa realidad diaria de nacionalismo aldeano electoral junto a un islamismo que hace sentir turista al que vive aqui
Recuerdo que hace una década hablamos en el Raval, en alguna presentación tuya, acababas de llegar de Miami; y luego escribí para el Herald de este otro exilio llamado cultural por lo europeo.
Deseo que tengas buenas salud, para que continúes en tu línea creativa.

Felix C.



Correspondencia

Pues mire que no.

Otra vez casi como que me obligan a sentarme acá para rebatirles a Juan y a Félix esa percepción del Raval. No soy exiliada cubana como ustedes y tampoco vivo en Barcelona, pero lo hacen mis hijos desde hace diez años y eso les permitirá comprender que conozca el barrio y que me mueva con asiduidad por esas calles. Viven en paralelo a las Ramblas, calle Hospital abajo. Y justamente, justamente hace un par de días estuvimos hablando de la vida en el barrio, de las detenciones, de cómo estaba la calle.

Es evidente que el color blanco del barrio se ha transformado en multicolor y que abundan las personas que proceden de Paquistán y el Magreb. Eso lo hay en Europa desde hace rato y al mogollón y, años atrás, a los de acá nos maravillaba verlo en Londres o en París, nos parecía que eso sí eran ciudades cosmopolitas.

Cierto que los locos de esa parte del mundo, si pretenden masacrar en Barcelona, pueden pasar desapercibidos con más facilidad y que en esas calles les dan cobijo pero también es cierto que desde que existe eso que le dicen globalización pueden masacrar acá o en cualquier otro lugar. Ante tal sitiuación lo único que queda es que la Policía, como ha sucedido ahora, se dedique a lo suyo y a conciencia y los jueces metan en la cárcel a quien corresponda.

Pero en ese barrio hay más, algo más. Ese barrio es la realidad cotidiana de gentes de acá, jóvenes españoles, europeos, canadienses, latinoamericanos, que estudian o empiezan a trabajar; artistas, comercios y comerciantes variados y diferentes. Tiendas de segunda mano, tanto de ropa como de música, que no las hay en otro lugar de la ciudad; música y cine de Bollywood, restaurantes de toda la vida y de la de ahora; una de las mejores librerías de Barcelona, o al menos en la que yo me paso unos ratos estupendos, La Central del Raval; en fin, Centros Culturales que dan envidia (o no está en el Raval el CCCB?). Es un barrio donde la variedad, la disparidad de orígenes y lo multicolor no genera más violencia que en otros barrios de la ciudad, justamente por eso, porque reconocer y convivir a diario con ‘el otro’ va construyendo el respeto y la consideración. Viven, comparten algunas cosas y dejan vivir. La bronca viene cuando las realidades representan actidudes extremas. Entonces, en algún momento, por lo que sea, estalla todo. Mestizaje, mestizaje y variedad, intercambio y conocimiento comercial y cultural, diluyen pensamientos extremos.

Pero locos radicales los hay en todas partes. Agazapados entre la blancura también. Hace rato, además. Y contundentes.

Un beso.

Estrella

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© Juan Abreu, 2006-2018