28 diciembre 2007
Hombres, mujeres y niños islopavorosos se ahogan intentando escapar del paraíso de ser vil mauricio, saramago y belén gopegui.
Durante el reinado de los castro los ahogados en el estrecho de la florida rondan (cálculos conservadores) los veinte mil.
Yo le quitaría a la gopegui los tampax y la enviaría en balsa a su próxima reunión con el esbirrato cultural: prieto, barnet, vitier, retamar, otero, milanes, rodríguez y el resto de putas del coro.
El ser vil a la cama con una mulata bien hinchada y comida de peces a ver si se empalma.
A saramago un niño podrido ojos devorados por cangrejos como en el cuento de calvert casey por fedex a su mansión de millonario fidelista en lanzarote. A ver si le aumenta el apetito y se le borra ese perfil de hipócrita caguama.
Mañana fría y feliz y yo de este humor.
Vuelvo a soñar sin esperanzas con un balazo en la cabeza del Inmortal y de su Hermano.
Pero somos demasiado cobardes y demasiado mierdas y siempre preferimos lanzarnos al mar y esperar sumisamente al guardacostas que nos hunda y a los perros que recojan los trozos de nuestros hijos en los arrecifes.
Pueblo de mierda.

Comentarios:

Don Juan, cada vez que se me ha ocurrido decir algo parecido en alguna que otra reunión, me han caído encima los pacatos de uno y otro bando sin piedad; es como una blasfemía, como el hijo maricón que nadie quiere aceptar. Al menos sé que no estoy sólo con eso de “pueblo de mierda”.
Tenga usted un Año Nuevo 2008 con muchos libros y muchos éxitos.
— Ignacio de Loyola, 31/12/07
Secretos de Cuba.
http://secretoscuba.cultureforum.net/index.htm
— sepna, 28/12/07
¡Pueblo de mierda! ¡Cuánta razón! Consuélese, don Juan… otros pueblos no son mucho mejores y siguen durmiendo en la cochina complacencia del poder. Creyéndose, ¡los muy estúpidos!, que son el ombligo del mundo. Y no, no tienen de presidente a un tal Bush.
Tengo, ya, entre manos, la versión off-line de su Rebelión en Catanya que re-leeré en cuanto terminé la montaña de deudas pendientes.
No he podido, sin embargo, no dejar de incarle el diente a esa primera frase de su Introducción: “La isla donde tiene lugar esta historia es tan pequeña que muchos no saben que existe”. La existencia. El sentido que no existe o el dolor al comprobarlo en piel querida, como la manzana de su hijo.
Un fuerte abrazo, don Juan.
— Daniel, 28/12/07