17 febrero 2007

Orden, sabiduría en el tajo y por supuesto talento pero a lomos de una eficiencia que podría llamarse humanidad acumulada. Quizás sea lo máximo que ha conseguido la humana criatura. Ese oponer al dolor un corte tan delicado que parece japonés aunque obra de un mediterráneo y la maquinaria de un hospital y sus excelencias. Entro y salgo dice el cirujano como un estratega militar que incursiona en territorio enemigo. Mi cuerpo no es su enemigo por descontado pero lo quiero ahí dentro el menor tiempo posible en eso lleva razón. Y la blancura de los calmantes y las jóvenes enfermeras.
La píldora de por las noches, la de disipar tensiones, relajar los músculos, desestresar y lo demás tiene las tetas de Monica Bellucci.

Comentarios:

  1. ¡Queremos la foto de ese cirujano, técnico violador de cuerpos, en la galería de autorretratos! ¡La queremos ya!
    Y, naturalmente, acompañado de sus níveas enfermeras.

    — Ñ, 18/02/07   

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