Garbageland

Garbageland

El futuro no será como esperábamos, ya está aquí. Tras el Reorden Mundial, el planeta se divide en áreas catalogadas por la capacidad de consumo de sus habitantes. Garbageland, la Isla, ha sido condenada a convertirse en basurero: única manera de rentabilizar un espacio ajeno a las reglas del mercado.

Bajo un sol desnudo que abrasa cuanto toca, en medio de una realidad cambiante y equívoca, reinventada a cada instante por la tecnología, el Viejo Darma dirige su tribu de supervivientes y los educa leyéndoles el Libro, una reliquia rescatada del Black, el mar subterráneo que contiene la memoria y la muerte.

Lejos, en Tierra Firme, un firmamento plagado de anuncios publicitarios protege a sus habitantes del sol despiadado, pero no de la ilusión. Es el Cielo de una nueva religión, con un Dios trasfigurado de grandes y redondas orejas de ratón. La exterminación, las plagas, los MicMasters, las brigadas de clones, los Cánceres Disney, la cerrera en la Escala de Consumo parecen tenerlo todo bajo control. Pero nadie escapa a la impureza.

Esta novela es una premonición sólo comparable a las visiones de William Blake en su America:A Prophecy.

Ficha Técnica.

Mondadori, Barcelona 2001

217 pags.

ISBN: 84-397-0690-1

Críticas.

LITERATURA FANTÁSTICA
CONSUME O MUERE

El Pais

Ingenios autoeróticos que permiten sodomizar a déspotas, dibujos animados entrenados para el combate… Bienvenidos a tierra firme, la sociedad creada por el escritor cubano Juan Abreu en Garbageland.
Texto: Jordi Costa

Diseccionar la realidad inmediata, contemplar sus vísceras con ojo clínico y aventurar el progreso de sus incipientes tumores. Ése es el secreto de la antiutopía, modalidad de la literatura fantástica que, hasta el momento, ha concebido futuros pavorosos regidos por el control absoluto —1984, de George Orwell, cuna de Gran Hermano— o por la selección genética Un mundo feliz, de Aldous Huxley—. En Garbageland (Mondadori), el escritor cubano exiliado Juan Abreu (La Habana, 1952) presenta una sociedad futura —Tierra Firme— que, de alguna manera, es una versión amplificada de nuestro presente: un mundo estratificado según los índices de consumo que ha convertido a Cuba en vertedero y ha elevado el concepto de entretenimiento a dogma de fe. Con un estilo discontinuo y veloz en el que los conceptos más agresivos se suceden como las pantallas de un videojuego, el autor ha creado un universo brutal y deshumanizado, donde coexisten letales Cánceres Disney —agresivas formas de vida inspiradas en los dibujos animados y entrenadas para el combate—, una versión virtual de la performer Orlán —artista francesa que remodeló quirúrgicamente su cuerpo inspirándose en modelos de la pintura clásica—, peligrosos pandilleros y sofisticados ingenios autoeróticos que permiten al usuario sodomizar a cualquier dictador del siglo XX. Garbageland es el primer título de un ciclo de novelas que se prolongará con Orlan Twentyfive y El masturbador, títulos en los que este escritor que divide su tiempo entre Miami y Barcelona trabaja en la actualidad. Abreu charló sobre todo ello con Tentaciones a través de Internet.
Tentaciones. Como todas las antiutopías, su novela habla, a fin de cuentas, del presente. ¿Vivimos ya en la sociedad que usted describe?
Juan Abreu. Vivimos en la frontera de una nueva época que cambiará para siempre eso que conocemos como sujeto occidental, producto de una cultura basada en la lectura. Estamos en el umbral de Tierra Firme, a nuestro alrededor crecen sus paisajes, devorando aquellos paisajes físicos y espirituales a los que hemos pertenecido hasta ahora. Hay que inventar otros mundos para hablar del nuestro.
T. Al contrario que muchas antiutopías clásicas, su Tierra Firme es un infierno hedonista. ¿Se equivocaron los escritores de ciencia-ficción que imaginaron una humanidad esclavizada?
J. A. Yo viví más de la mitad de mi vida en una sociedad totalitaria disfrazada de utopía en construcción. Pero el mejor esclavo es el esclavo feliz, satisfecho, que ni siquiera sabe que lo es: ése es el mayor descubrimiento de los nuevos esclavistas de la sociedad de consumo. La humanidad necesita entretenimiento y la ilusión de que es libre. Sólo la ilusión. Los teólogos e ideólogos del consumo son mucho más hábiles que los dictadores comunistas o fascistas. En Tierra Firme lo único prohibido, lo único que es un pecado es no consumir y aburrirse.
T. ¿Podría hablarme del papel que desempeña la mitología Disney en su novela?
J. A. La mitología Disney tiene un importante papel. No olvidemos que el propio Walt Disney está congelado esperando su resurrección tecnológica. El mundo del futuro tendrá una estética estilo Disneyland. En las novelas del ciclo Garbageland, Dios tiene orejas redondas y se parece mucho a Mickey Mouse. Siempre me ha llamado la atención que un ratón espeluznante como ése sea uno de los símbolos de nuestra civilización; un personaje más conocido y amado que Proust, Kafka o Caravaggio.
T. Su novela posee una estructura fragmentaria y combina dos registros de lenguaje antitéticos. ¿Por qué ha optado por estas arriesgadas soluciones formales?
J. A. Porque quería hacer una novela realista y así es como veo la realidad de hoy. Nuestra realidad no es la de la novela del siglo XIX, aunque muchos escritores se aferran aún a ella. La novela está escrita a dos ritmos, a dos corrientes. Una lírica, que remite al agua, al esplendor de la naturaleza, próxima a los textos de los Diarios de campaña, de José Martí, y otra entrecortada, fragmentaria, que aspira a trasladar a la literatura el lenguaje veloz y feroz de los videojuegos y la parafernalia tecnológica moderna. Una corriente nos trasmite placer y libertad, la otra sólo la ilusión del placer y la libertad. El conflicto rítmico y lingüístico del libro trata de mostrar la agonía del mundo real y el advenimiento de un mundo ilusorio que lo suplanta.
T. ¿Supone el capítulo titulado El masturbador —en el que un personaje sodomiza a un dictador con rasgos de Fidel Castro— un brutal ajuste de cuentas con la historia reciente de Cuba?
J. A. Me interesa la literatura como forma de venganza, de rebelión. Ahí ajusto cuentas a la idea del macho dictatorial y omnipotente cuyos representantes han sido una verdadera plaga en el siglo pasado y aún lo son. Detrás de todo dictador hay una figura fálica, odiadora de su lado femenino, abusador y misógino. La historia del mundo sería mucho mejor si los hombres aceptaran la mujer que tenemos dentro. Ese capítulo podría verse como una venganza, pero prefiero pensar en ello como justicia poética.
T. En su libro A la sombra del mar, usted rememora la relación que mantuvo con Reinaldo Arenas dentro y fuera de Cuba. ¿Cómo contempla el revival que está viviendo la obra de Arenas a raíz de Antes que anochezca?
J. A. En A la sombra del mar conté experiencias de mi vida compartida con Reinaldo en la Cuba de los setenta. Disfruto emocionado la atención que la película de Schnabel, basada en Antes que anochezca, ha provocado alrededor de la figura y la obra de Arenas. Sobre todo en lo referente a su obra. Es el escritor cubano más importante nacido en los últimos 50 años y merece que los lectores españoles lo descubran y aprecien por lo que es: un gran escritor, un hombre valiente e íntegro que se negó a sacrificar sus principios por miedo o conveniencias, en una de las épocas más sucias y sumisas de la historia de mi país.




GARBAGELAND

Publishers weekly

In the first novel of a new trilogy, Cuban master Abreu, the author of Habanera Fue (She was from Havana, Muchnik, 1998) and a member of Reinaldo Arena’s intimate circle in Havana, creates an anti-utopian wor that mirrors and exaggerates selected contemporary evils consumption, hedonism, technological dependence, dictatorships, and disparities between the First and Third worlds. His disturbing and entertaining social comentary reads like science fiction: Upper-echelon consumers purchase digital sexual companions, strut around with multimedia advertising strapped to their bodies, and live like video game protagonists. The have nots, meanwhile, inhabit a chaotic underworld, scrambling for survival and striving to find mytical El Monte, an Edenic wilderness. With its lethal sunshine, hight-tech battles, Mickey Mouse deities, and digital dreams, the world depicted by Abreu is close enough to the present to make this a chilling read. Interspersing choppy, fragmented prose with lyrical and fluid passages, Abreu creates a text that is both artistic and deft. Forthcoming titles in this trilogy are Orlan Twentyfive and El Masturbador (The Masturbator). Highly recommended for a wide range of bookstores and public and academic libraries with science fiction and literature collections.

Tatiana de la Tierra




GARBAGELAND

Lateral

En Garbageland se dan cita multitud de historias y personajes en una desastrosa trilogía futurista. Un grupo de guerreros guarecidos en cavernas post-post-industriales llamada Garbageland y ubicada en los márgenes de “Tierra Firme”; un ocioso espectador de ciberarte; una ciberartista mutante; un par de onanistas virtuales; una monja guerrera; un contingente de turistas; un punk paseando su herida bajo un cielo virtual y publicitario de la urbe del futuro. Unos personajes resisten al destino, otros neuróticamente se le entregan, unos lo contemplan y otros, quizás, lo encarnan. Más allá de la geografía, al fin y al cabo tampoco muy inverosímil, Garbageland distribuye los papeles de modos tan variados como los de la realidad. Por esa razón excede la etiqueta de “ciencia ficción” que se podría estar tentado a aplicarle.
Como toda buena obra, Garbageland es un libro inclasificable. Primer volumen de una trilogía en marcha, no es ni pura ciencia ficción, ni novela de aventuras, ni utopía tadicional, ni antiutopía perfecta. Y sin embargo, es algo de todo eso. Su tiempo de ficción es el futuro, pero la verosimilitud de sus historias y geografías las hace perfectamente actualizables. Sus peripecias se suceden con rapidez y con espectacularidad, pero hay un tempo de fondo más lento que desbarata la aventura y refiere todo a la calma eternidad de quien espera con paciencia – como ocurre en un lugar de la novela llamada “El Monte”- el cumplimiento de una promesa oscura hecha al principio del tiempo. Lo mismo cabe decir de la ingenuidad, que en Garbageland coexiste con el horror pulcro de la sociedad de consumo, tanto como en el sanguinolento de esa misma sociedad. Garbageland tiene de las utopías la evocación de un mundo feliz, pero también de la antiutopía, la visión que vaticina, o mejor dicho constata, la inminencia del horror.

Daniel Attala




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© Juan Abreu, 2006-2011