9 enero 2008

Termino de reescribir por segunda vez el mamotreto. Gran contento. Erección. Babilla. Celebraremos con un gran francés: Chateau Duhart-Milon, Domaines Barons de Rothschild (Lafite) 2004.

Vendrán los bosques.

En esas trescientas ocho páginas está mi vida. Trozos, que es lo que se puede.

Lo único importante es el trabajo me dijo hace mil años Lydia Cabrera en su miamense refugio y cuánta razón.

Me da vueltas en el vientre un caracoleo. Necesito unos buenos lametazos. La mejor compañía para un buen vino.

El día recostado, temblón, salivoso. Y la sensación de ser seda, humo y olor en los dedos después de un clítoris. Y la tibieza de aquella bañera colectiva en Kanazawa: el padre, dos niñas sin pelos y yo bajo el cielo estrellado.

Y el oro de sus pieles. Y el semen del sol.

Como ven, hay cosas vivas y afiladas y tortuosas en el poso que deja la reescritura.

« Anterior · Siguiente »

© Juan Abreu, 2006-2010