Estampas

1016

La presidenta de Brasil ha visitado la isla pavorosa. Allí olisqueó profusamente el culo de los hermanos Castro. No voy a extenderme sobre el asunto porque a fin de cuentas qué me importa a mí lo que haga esa vaca.

Pero. La señora presidenta tuvo su época de guerrillera, asaltante de bancos y pone bombas. Formaba parte de uno de esos grupos financiados y entrenados por los Castro cuando Cuba era una colonia rusa y en Latinoamérica gran parte de la crápula intelectual suspiraba por un régimen stalinista estilo cubano. Por dicha actividad como guerrillera, asaltante de bancos y pone bombas, la señora presidenta fue apresada por la dictadura brasileña, interrogada, torturada y encerrada veintidós meses en la cárcel.

Tres cosas: que la señora presidenta fue mucho menos torturada que Wilmar Villar u Orlando Zapata. Que el tiempo que pasó en prisión la señora presidenta equivale a unas cortas vacaciones, comparado con las condenas que han cumplido miles de presos políticos cubanos. Que a la mierda con la vaca.

1015

Dicen que viene una ola de frío. Dicen que tal vez nevará. Llueve una lluvia gorda y blanda. La luz de la calle entra en el jardín como un globo. Flota a baja altura y luego aterriza. Meto los dedos y separo la persiana y me sorprende lo elástica que es la oscuridad. Eso que se mueve allí podría ser un pez. O un arma desenvainada. Una vez en Miami vi un huracán y parecía carne derretida. Las voces cruzan el océano y se reflejan en la pared como la luz de una fogata. Hay algo yermo en el tiempo que cuando lo percibes ya nunca te abandona.

1014

Leonardo lleva gafas azules. Para protegerse del sol. Hace siete años que está interesado en la energía solar. Y en su aplicación industrial. En el Código Arundel se conservan varios diseños de espejos ustorios. Describe una estructura “piramidal” mediante la cual se podrá concentrar “en un solo punto una cantidad de energía que permita elevar hasta el punto de ebullición el agua de una tina calefactora como las que se usan en una fábrica de tintes”. También piensa en los astros y en la posibilidad de usar espejos para observarlos.

Monta un laboratorio. Elabora misteriosos tratamientos químicos. Hay fórmulas para la preparación de un barniz que impedirá que los espejos se empañen. Y una extraña sustancia a la que llama “fuego de yeso”.

En 1516 viaja a Francia. Tiene sesenta y cuatro años. Allí es nombrado “pintor del rey”. Se le aloja en Cloux, una hermosa residencia campestre a un kilómetro al sur del castillo de Amboise. La vivienda tiene huerto y estanque y desde la ventana de su estudio Leonardo puede ver arboledas. Recibe una generosa asignación de 1000 escudos anuales. Francisco I es un hombre muy alto, narizón, apuesto y sexualmente sano. Se dice que “le gusta visitar jardines ajenos y beber en distintas aguas”. Siente por Leonardo una mezcla de fascinación y temor reverencial.

El 19 de julio de 1518, para agradecer las gentilezas del monarca francés, Leonardo organiza una fiesta. Los operarios trabajan a destajo durante una semana para preparar el escenario que tiene una dimensión de 18 por 36 metros. El joven milanés Galeazzo Visconti estuvo entre los invitados: “El patio entero estaba cubierto por un palio de tela azul en el que se habían dispuesto unas estrellas doradas para que pareciera el cielo; también estaban representados los planetas principales, así como el sol y la luna, que se hallaban en lados opuestos: era una visión maravillosa. Allí estaban Marte, Júpiter, Saturno, cada uno de ellos en su correspondiente posición, y también los doce signos celestiales… y debía de haber no menos de cuatrocientas antorchas, porque parecía que la noche había sido ahuyentada”.

La noche había sido ahuyentada.

1013

En 1513 Leonardo se va a Roma, requerido por el Papa. Roma tenía 50.000 habitantes de los cuales 7000 eran prostitutas. La ciudad era tristemente famosa por la corrupción y la venalidad de la corte papal. El tono general de la vida vaticana se calificaba de lascivo. La sífilis tenía carácter endémico y Benvenuto Cellini afirma que se trataba de una enfermedad “muy común entre los clérigos”. Las putas trabajaban en burdeles bajo licencia vaticana (misteriosos son los caminos del Señor).

Leonardo pasea por los jardines que rodean la villa Belvedere. Cuenta Vasari que un jardinero le llevó un lagarto que había encontrado, y Leonardo, “con una mezcla de azogue, le pegó al lomo unas alas que había fabricado con las escamas de otros lagartos. Además le hizo cuernos y barbas y lo domesticó. Solía guardarlo en una caja y cuando lo sacaba para que lo vieran sus amigos, estos huían espantados”.

Escribe De los juegos geométricos, un libro en el que mostrará “nuevas vías para alcanzar el infinito”. Sabemos que realizó una excursión al Monte Mario en busca de fósiles. Se interesa por la acústica. Continúa sus investigaciones anatómicas. Disecciona cadáveres en el hospital del Santo Spirito. Por ello, lo denuncian ante el pontífice. Diseña un león mecánico para los festejos en honor de Francisco I, rey de Francia. Pinta el San Juan Bautista y su dedo. Dibuja un ángel andrógino con tetas y la polla tiesa.

Me siento cómodamente y abro el libro por la página en la que aparece el ángel andrógino. Nos miramos un rato.

1012

Las tropas francesas toman Milán. Destruyen el modelo de barro del caballo gigante de Leonardo. Escribe el cronista Sabba Castiglione: “Recuerdo, y hablo ahora con indignación y tristeza, cómo aquella noble e ingeniosa obra fue utilizada como blanco por los ballesteros gascones”.

De regreso a Florencia, Leonardo pasa por Mantua donde dibuja a Isabella d´Este. Es una forma de pagarle el alojamiento. Un dibujo a carboncillo, sanguina y pastel amarillo. Voy a buscar el maravilloso libro de Taschen dedicado a Leonardo y contemplo el dibujo. Es de una belleza singular. El dibujo. Isabella es bastante frontuda y tiene muy poca barbilla. Y ya que he abierto la joya, paso sus páginas y llego ante la vulva, representada como un agujero grotesco y peligroso.

Hay dos tipos de hombres: los que adoramos el chocho porque no aceptamos la imposibilidad de regresar a él, y los que lo repudian porque lo ven como la negación máxima de lo apolíneo y lo controlado. El chocho, contrariamente a la cascabelera convención literaria que lo iguala con la vida, es para ellos, sobre todo, el agujero del caos, de lo que se pudre, de la sangre y de la muerte.

De Mantua, Leonardo viaja a Venecia. Lorenzo Guznago, un músico y fabricante de instrumentos que lo visita allí, escribe a Isabella para decirle que el Maestro trabaja en un retrato de “Vuestra Señoría, muy fiel del natural y de muy bella factura. Nadie sería capaz de mejorarlo”.

Este retrato también se ha perdido.

1011

Toda la tarde leyendo. Las ramas se ponen moradas y luego negras. Manchas lanceoladas. Se ha disipado el efecto del vino. Creo. El silencio es hondo y a veces rubio. Antes de que anochezca la luz es lo más parecido a orinar.

Podría estar sentado aquí mil años.

1010

La sodomía estaba muy generalizada en Florencia. Se relacionaba la sodomía con Florencia, a tal punto, que los alemanes llegaron a utilizar el término florenzer (florentino) para designar al sodomita.

Pero. La Iglesia.

Es increíble la obsesión de la Iglesia con el culo. ¿Qué hace usted con su culo? Esa es la verdadera piedra angular de la Iglesia.

La Guardia Nocturna, una brigada contra el vicio, operaba en Florencia. Oficialmente, la sodomía era un delito penado con la muerte. Según un estudio estadístico de las actuaciones de la Guardia Nocturna, entre 1430 y 1505, más de diez mil hombres fueron denunciados por asuntos concernientes al uso que daban a su culo. Algunos fueron ejecutados, otros exiliados, marcados a hierro candente, multados o humillados públicamente.
Florencia estaba llena de tamburi (tambores) o “agujeros de la verdad”. Eran receptáculos donde cualquier ciudadano podía depositar una denuncia anónima contra otro por sus actividades anales. En abril de 1476, en uno de esos “agujeros de la verdad”, apareció una denuncia contra Leonardo. Leonardo fue detenido y llevado ante el juez. El juez le preguntó si había sodomizado a un tal Jacopo.

La homosexualidad se denunciaba desde los púlpitos. Bernardino de Siena exhortaba a los fieles a escupir en el suelo de Santa Croce y gritar: ¡A la hoguera con ellos! ¡Quemad a todos los sodomitas! En 1484 una bula papal definió a los homosexuales como seres diabólicos.

En el Infierno de Dante, se condena a los homosexuales a vagar eternamente por un desierto ardiente, aparte de llamarles “turba despreciable” y “sucia escoria”.

Dante. No encontró tiempo para follarse a Beatriz, pero sí para opinar sobre el uso que daban los demás a sus culos. Miro el retrato que le hizo Botticelli a Dante. Yo diría que necesitaba un enculamiento.

Por fortuna, la acusación contra Leonardo se desestimó.

1009

Leonardo inventa un robot que tiene forma de caballero con armadura. Y mandos programables. Puede flexionar las piernas, mover las manos, e incluso girar el cuello. Fue exhibido en Milán en 1495. Según Mark Rosheim, un científico de la NASA (que reconstruyó un modelo operativo), los mandos del caballero-robot de Leonardo son “el primer ejemplo en la historia de la civilización de un ordenador analógico”.

Leonardo está enamorado. De Salai. Salai es un mocoso ladrón, mentiroso, testarudo y glotón, pero muy bonito. Extremadamente agraciado y atractivo, según Vasari. Miro algunos retratos de Salai. Pelo crespo y muy afeminado. Nicholl se inventa toda una tesis freudiana en la que Salai es una proyección de Leonardo. Creo que es más sencillo, Leonardo amaba a Salai y le gustaba como Salai se la chupaba y folllarse a Salai y que Salai se lo follara y Leonardo era feliz.

Cuando Salai se muda con Leonardo en 1490, tiene diez años. Leonardo no repara en gastos para mimar a Salai. En 1497 escribe en su cuaderno que ha comprado a Salai una vistosa capa y que le ha dado tres ducados de oro para que se compre “unas calzas rosadas, con sus correspondientes ribetes”.

1008

Escribe Leonardo un cuentito sobre un negro gigante. En un libro que posee, la esposa de un rico mercader admira el gran manganello de su criado etíope. Se cree que Leonardo llegó a tener más de cien libros.

Ya ha dejado a medias el caballo gigante para el lujurioso Sforza y trabaja en La última cena. La tarde en que llegamos a Milán y corrimos a verla. Recuerdo que flotaba a la luz ambarina y nos quedamos allí inmóviles el rato que nos dejaron.

Quiero recordarle a Vuestra Señoría mis pequeñas necesidades, escribe Leonardo al hijo de puta Sforza, que le paga poco y tarde.

1007

Hoy, en el mercado, veo por primera vez una lechuga. Sorprendido, desvío un poco la vista y veo por primera vez un pollo. Esos breves destellos del verdadero orden que uno tiene. Es duro. Sería imposible ir por ahí mirando lo que es: la literatura nos protege. Piensa en eso, querido.

Desasosegado por la visión de los hechos, fui a comprar boniatos y calabaza. Mal comienza el día, pensé. Pero por suerte en ese momento distinguí frente a la xarcuteria a una madre y sus tres hijas como sacadas de una novela de Pierre Louÿs y mis reclamos de mamífero culto y superior tomaron por asalto las sinapsis.

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© Juan Abreu, 2006-2011