17 enero 2008

Estampas (13)

La mujer del mercado es un Arcimboldo, piel color calabaza, pechos de melón y cuello de berenjena. Nariz de puerro. No es hermosa. Pero extremadamente follable. Serán sus nalgas de chirimoya. Veo unos calabacines de un largo y un grosor envidiables. Todo es sexo. Madrugada insólita, mi amada Marilyn ríe y se la mete en la boca. Chupa con ganas y aumenta su aura de diosa.
Nunca pensé vivir para ver tamaña maravilla.
Imposible aguantar incólume ese nivel de belleza: arruino el pijama.
Después sueño que me follo a Z. Tengo que llamarla.
Si se observa bien, la vida no es más que algo que se pone duro y en algún momento se derrama. No crean, pienso en clítoris.
La cúpula de cristal refulge. Rueda un barullo lubricado. Pasa una rubia de pelos hasta las nalgas y andares depravados. En lo primero que pienso es en meterle un montón de cerezas en el culo. Y ver cuánta poesía le asoma a la cara. Termino la compra. Salgo y el cielo es el paladar de una adolescente. Todo es sexo. Anoche en la pantalla una señora ya mayor le hace una paja al marido. Pone cara de niña cuando salta la leche.

Voy cargado de bolsas hacia el coche y soy libre y ligero.



Entrevista

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© Juan Abreu, 2006-2018