16 diciembre 2007

Domingo.


Comentarios:

  1. ¡qué maravilla! no puedo estar tantos días alejada del ordenador… lo que me pierdo. Esta maravillosa música, de haberla escuchado el domingo, habría sido el broche perfecto para un día de montaña soleado y frío, con ese olor saludable de los días de invierno y su característica luz blanquecina. No sé porqué, pero esta música concuerda perfectamente con mis sensaciones en la montaña.
    Gracias, Juan, por buscarnos y regalarnos tan bella música.

    — G, 19/12/07   

  2. Ayer fue un día de trabajo en la casa. Desde hace muchos años, y muy especialmente éste, las fiestas que están por venir me ponen bien triste el corazón, no puedo remediarlo. Si pudiera actuar según mis necesidades o mis humores, desaparecería. Pero los jóvenes de la casa hacen que esos sentires se agazapen y las ilusiones se mantengan en linea de flotación. O al menos hago el esfuerzo para que eso sea así. ¡Los hijos!...
    Por eso, el día de ayer lo dediqué a poner en la casa esas cosas que les gustan, que les hacen revivir por unos días tiempos pasados. Claro que antes era un trabajo colectivo. Ahora es individual porque ellos ya no están pero cuando regresen… será como si lo hubieran compartido conmigo. Por eso ni siquiera me dio tiempo a escuchar el regalo del domingo. Esta mañana, con el primer café, he abierto el regalo y después de disfrutarlo me he visto aplaudiendo con quienes lo hicieron al final de la interpretación. ¡Belleza!
    Gracias, Juan.

    — estrella, 16/12/07   

  3. Me levanto y lo primero que hago es para es ver si está la Moza del Domingo, pero ni siquiera un avance. Ese jardín donde pastan las heroínas estuvo vacío, inactivo. Día de asueto. ¿Don Juan dónde estuvo usted metido?

    Haiku para la moza ausente

    Domingo gélido, tardío
    las mozas duermen el estío
    me muerdo la mano

    — Ignacio de Loyola, 16/12/07   

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